Mi abuelo se llamó Juan José Mercurio. Era pintor de brocha gorda. Nació en el oeste bonaerense, en Chivilcoy, desde los 7 años trabajó de “sol a sol” en el campo, hasta que un tipo que se llamó Perón acabó con ese tipo de explotación. Mi abuelo anduvo por la Argentina siempre con un libro abajo del brazo, finalmente se instaló en la pequeña ciudad de Banfield. Cuando la dictadura cívico- militar se instaló en el país, Videla  decidió trasladar el cuerpo de Perón, al cementerio de la chacarita. Por puro azar, mi abuelo se enteró de ese acontecimiento absolutamente secreto y decidió que iba a ser lo imposible para pintar la bóveda que iban a construir para que Perón descanse y lo logró.

Guardó eso en secreto, incluso para su familia y cuando usurparon la bóveda y le cortaron las manos a Perón, estuvo a punto de revelar lo que sabía.

Yo pasé mucho tiempo con él y pude escuchar innumerables historias. Una mañana del año 2011 el arquitecto responsable de la construcción de la bóveda me buscó para contarme lo que mi abuelo había  guardado en secreto y hecho 30 años antes.

Ese acontecimiento me instó a recuperar la memoria de ese hombre, que alguna vez me dijo, que si tuviera que contar su vida debería escribir una novela. Eso fue lo que hice.

Este libro cuenta la vida de un de un niño campesino, un hombre rural politizado, uno de mis abuelos.

 

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