Escritor, cineasta, actor, director, formador

Negro Deseo

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

La semana pasada, formé parte del festival de Teatro Lusófono, sucedió en una parte de Brasil que jamás había pisado. Uno de los rincones más calientes, Teresina, Estado de Piaui. Allí fuimos a presentar Viejos, con Rosi. Este festival invitó por primera vez a alguien de un país que no habla portugués fue invitado. Pellé me había visto en África. Lo mismo que yo sintió Garcé cuando Maradona lo invitó a la selección. El FESTLUSO es algo raro, un festival amigable. Escapa de competencia y no fomenta la comidilla infinita con su consecuencia de envidia. Algo me dice que un factor importante es la cantidad de africanos. No sé porque razón me he sentido atraído por África. La piel negra, me genera un racismo al revés. Me gustaría ser uno de ellos. Claro que es importante afirmar que cuando digo África, no sé de lo que hablo. Por ejemplo, no me siento atraído por los egipcios o los  libios. Los sudafricanos no me generan nada en especial, recuerdo estar en Johanesburgo en la época que ciertas cosas decían Only White.  Veo Nigerianos que venden lentes en las calles con sus hermosos vestidos pero no he hecho contacto con ellos. No he reído con camerunenses. No sé nada de Gambia.  Ignoro las virtudes de los botsuanos. Cuando estuve en Mozambique en el 88 me llamó la atención cuando una amiga con la que reía mucho, de muchas cosas, de todas, me mostró el Corán y me dijo que su religión era el Islam. Ahora trato de retroceder en el tiempo y me parece que ella era musulmana así como algunos son peronistas. No obstante a nivel mundial, en aquel tiempo, para mí ser musulmán, tenía la misma connotación que ser vegetariano. 

La construcción de mi imaginario con respecto a los negros es algo innato. Se ha alimentado por ciertos músicos que escucho hasta el cansancio. Conozco mucho más los discos de Salif Keita que los de Charly García, me sensibiliza mucho más Lokua Kanza que los Beatles. A nivel literario he vuelto mucho más a Mia Couto que a Garcia Marquez. Me gusta el desenfado de los negros africanos que hablan portugués. Me gusta la forma en que hablan de sí mismos. El humor que tienen. La franqueza de las mujeres. Cada vez que paso algún tiempo con ellos algo mío se coloca en un lugar brillante. Negro brillante. A nivel alegría la cosa es parecida. No puedo dejar de olvidar una presentación que hice en Cabo Verde. La efusividad del público era tanta que rapidamente llegó al extasis. Se reían tanto, se sentían tan felices que comenzaron a gritar cualquier cosa. Fue algo tribal, instintivo, festivo, fue un festejo de cancha en un teatro. Como yo no sabía que hacer grité con ellos. Saber que yo los hice felices es la parte más negra que tengo.

El momento más hermoso del festival fue este. Somos cinco, no hay blancos. Todos los que estamos ahí somos sospechados de no decir la verdad nunca. Es un enfrentamiento de los que vale el recuerdo. Todos hemos hecho nuestra presentación. Estamos esperando que nos vengan a buscar para ir a asistir el show de cierre con la Reina de la Ciranda. En ese momento estamos sentados en la ancha escalera de entrada del hotel, hace 32 grados y son las 9 de la noche. No hay nadie en el centro de Teresina. Klemente esta serio respondiendo a Julia su inquisición. Cuántos años decís que tenés le espeta con su acento angolano. Klemente le responde con acento mozambicano, que tiene 68. Todos lo miramos.

En que año naciste le inquiere Evas, que a esta altura ha aceptado que yo le diga Perones.  Vinicius se acomoda el sombrero brasilero y le apunta con el celular “mostrá tu pasaporte, en qué año naciste, decime rápido”.Klemente no tiene porque apurarse porque nació en África. Nací en el 54 dice con su cara de treinta. Yo miró en silencio aceptando que esa pelea la va a ganar porque lo conocí en Cabo Verde hace 5 años y me dijo que tenía 63. Julia grita, baila, se ríe, gira. No puede creerlo. Nadie puede. Hasta Vinicius que a esta altura es considerado el rey de las mentiras está creyendo. ¿Cómo puede ser posible? Yo me siento en África. En esa frontera del planeta donde vive lo mágico. Perones se acomoda la pollera, se ajusta los bigotes y con voz gruesa dice que eso no es posible. Lo que no es posible es tu vestuario le digo yo. Es una mezcla entre un escocés y un jugador de la NBA. Atcho está poniéndose de costado con su vestimenta multicolor, que irá a remate esa noche. Klemente está por sacar su pasaporte. Abre la boca y por fin algo blanco se le nota.  En ese momento una moto gira desgobernada, rueda al piso y él que la conduce queda atrapado.Todos olvidamos ver el pasaporte de Klemente, llegamos donde el tipo, lo levantamos, es otro negro que nos mira a nosotros y a ciertos mosquitos que lo rodean. No puede mantenerse en pie. A dónde vas, pregunta el único de nosotros que es de Teresina. Voy al centro, dice el viejo. Estamos en el centro. ¿A dónde? A mi casa. ¿Dónde vivis? En el centro. Dejá la moto y andate en taxi. No tengo plata. Solo quiero tomar una cachaca. Dejá la moto, te vas a matar.  Nos corremos porque gira a toda velocidad una camioneta de lujo y una Reina negra sale del hotel, es Lia de Itamaracá que sube junto a sus músicos, a la camioneta y arranca, cuando Julia, se acerca corriendo  con el celular en mano y nos dice que debíamos haber ido con ella. Que esa era nuestra oportunidad. Puede que este mintiendo porque ríe. En ese momento todos nos miramos y de pronto el tipo de la moto se está yendo zigzagueando. Al llegar a la esquina frena, toca bocina y nos saluda. Esto es un festival perfecto. Es la celebración de lo distinto. Nos hemos quedado riendo cuando aparece otro coche y alguien nos grita. Al llegar al festival, la ciranda suena. Cientos de personas están agarrados de las manos en una ronda que gira, se achica y florece.  Dos horas después unos de los músicos, un negro de un cabello duro como un casco me explica que esa música es la más democrática que existe ya que es la única que invita a que cualquiera tome de la mano a otro y baile sin exhibirse.Acaba de terminar el FestLuso. Había esperado formar parte de este espacio por una razón especial. Era un festival de otros. Me encanta estar entre los otros. Me refiero a una serie de otros muy especiales, me refiero a los otros-otros. Tal vez porque siempre he sido uno de ellos. A lo largo de mi camino he participado en muchos festivales, esos donde ciertos seres se sacan selfies.  Donde se exhibe el ego. Las personas que insisten en mostrar ciertas cosas esconden una verdad. No  tienen nada. El que muestra éxito no lo tiene. El que se muestra rico, no lo es. El que se muestra feliz es triste. Nadie que es niño festeja haber reído. Solo empezamos a disfrutar reírnos cuando dejamos de hacerlo. De eso esta hecho el arrepentimiento, de una convicción sorda de no haber disfrutado lo lógico. El ejercicio moralista que practico es como el del monje que no es ermitaño. El que pregona algo quisiera tenerlo. Yo pregono la negritud. 

17 comentarios

  1. Pra variar mais um belo texto Sérgio !!! E uma bela história ! Parabéns ao Festluso por tê-lo convidado. Viva a negritude ! Viva os monges que se mantém no mundo e conquistam, assim, o tão acalentado Silêncio, que longe do ruído não conquistariam. Que possamos chegar ao final da jornada sem padecer do arrependimento, tal qual aqui você o conceitua. Que o maravilhoso óbvio, da Vida, não escape das nossas mãos.

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