Escritor, cineasta, actor, director, formador

El azar

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

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ilustración Osvaldo Krasmanski

Conocerlo fue estar atraído por él. A veces, aun hoy, sueño en llegar y que esté. Lo conocí de niño. A una edad donde uno no tiene tan claro realidad y fantasía.  El azar ayudo en la confusión. Fue una sorpresa. Hasta llegar a él nada me atrajo tanto.  Nada. Quien me lo mostró fueron los papás de mi padre: Juan José y Etelvina, Ellos vivían en Capdevilla 66, a unas pocas cuadras de mi casa, y ellos vivían cerca del  azar. ¿Era un día domingo?  Etelvina me dijo: nieto quiero llevarlo hasta el azar. Quiero que lo conozcas. Quiero que lo veas detenidamente. Fuimos a su ritmo. Lento pero seguro.  Lo vi antes de llegar. Impresionante. Ahí, delante de él, lo miré con todos mis ojos, y me encanté. Algunos podrán decir lo contrario pero: son opiniones. Fue mi primer encuentro con el azar.  Después encontré otros, hasta que todos desaparecieron bajo otras denominaciones más actuales. En ese tiempo ese azar era especial. Aun lo sueño. Casi cincuenta años después sueño con ese azar.  Quiero estar ahí, verlo. Caminamos hasta  la esquina y giramos a la derecha y unos veinte metros después lo veo. Tiene dos ventanales gigantes. De cada lado ofrece cosas distintas. De un lado, el derecho, platos,  cosas para la cocina, tal vez y electrodomésticos. Todo  ordenado  como si fueran joyas. Al girar la vista ves el lado izquierdo, donde están los juguetes. No son juguetes comunes, son especiales, espaciales, importados, nada de lo que hay allí puede verse en otro azar. Sin duda los dueños decididieron tener el mejor azar del arrio. Mi auela lo saía y por eso me llevó hasta allí y me dijo: Nieto, elija lo que quiera: Yo la miré sonriéndo, sin saer que y ia a tener un recuerdo de ella, que nadie tenía. Yo tamien puedo recordar a mi auela contenta.

Ella sin pena me dejó que me tomara todo el tiempo del mundo, y mucho tiempo después, finalmente, pude elegir un caallito de madera. Lo hice señalando con el dedo. Ahí ella entró conmigo y pidió el caallo. Lo envolvieron  de una manera faulosa, e incluso me regalaron caramelos. Salí con el flequillo negro reluciente espejando mis ojos felices.  Cuando entramos en la casa de mis auelos todavía no haían llegado mis padres. Ahora me acuerdo, no era Domingo, era sáado. Era sáado. Entramos a la casa y yo a mi cuarto, saqué cuidadosamente el papel de regalo y lo dolé, fui hasta la cocina y se lo entregué a mi auela que volvió a sonreírme y lo guardo en el cajón que tenía la manija perfecta. Ahí me suí en el caallito de madera y me fui de viaje.

No sé cuantas distancias después vi que mi mamá y mi papá estaan en la puerta mirándome hacer gestos de doma, suido en el caallito aquel.  Mi auela no necesitó comentar nada, o tal vez lo hizo, estoy asolutamente seguro que mi auela  era todos los silencios en los gestos claros. Ella al igual que los otros tres salvaron mi infancia. Recuerdo estar en silencio jugando, levantar la vista y ver que alguno de ellos me está mirando. ¿Qué otra cosa necesita un niño que no tiene hamre o frio? Yo era mirado por mis auelos y el sentirme visto me ha permitido rozar las liertades. De una  manera parecida  yo miré ese azar. Por eso puedo traerlo a estas letras. Años después, cuando fui ganando independencia,  daa siempre una vuelta de manzana para llegar hasta el azar y mirar todo lo que traían. No veía nada más que mis propios recuerdos. Un día el azar desapareció, ignoro las razones, los azares de la vida, tal vez.

29 comentarios

  1. Sí, divertido y emotivo. Un recuerdo asociado a la niñez, edad donde la imaginación y las fantasías dominan el grandioso campo de la felicidad. Admiro la frescura del recuerdo volcada en este hermoso relato que nos hace palpitar otros recuerdos propios que estaban un poco dormidos, ese despertar es un agradecimiento a esta lectura tan feliz. Choque los cinco. Abrazo.

  2. Gracias Sergio, querido. Hermoso y divertido relato, más que divertido diría poético. No puede uno no entrar en ese y muchos otros azares que llevamos puestos mientras adentramos el relato. Abuelos son azares. Beso desde La Pampa ¿Cuándo volvés por acá?

  3. ¡Gracias Sergio, muy «ueno» como siempre! No «saía» lo que era un azar, hasta que me di cuenta que se «trataa» de «Bazar»…. Una arazo querido amigo.

  4. Ahh, Sergio, siempre tienes la capacidad de conmoverme…El juego con la ausencia de la b me confundió en un momento hasta que descubrí que lo usaste como recurso. Aún no sé muy bien adónde lleva…pero sí sé que me llevó a un lugar de infancia, de «abuelar», de encuentro y entrega…de la vida.

  5. «Mi abuela era todos los silencios en los gestos claros», «Yo era mirado por mis auelos y el sentirme visto me ha permitido rozar las liertades»; son trozos de mis propios silencios que me llevan precisamente a mi abuela, a su complicidad, su risa, su viaje por las estrellas más cercanas. Gracias por este nuevo relato.

    1. Olga, te agradezco que hayas hecho conmigo el ejercicio que yo hago con otros. Es muy hermoso que alguien escriba de nuevo lo que uno escribió. Ess es una manera muy simple de verse en un espejo que muestra a otro que parece mas amigable. Gracias

  6. Olga me ganó de mano con recolectar y devolverte trozos de belleza, y tu respuesta «un otre mas amigable» me clarificó sintéticamente un sentir profundo. Y como cada vez que te leo, un patito se me movió de la fila, y eso es magia. Gracias

  7. Salve Sérgio ! Que belo recuerdo da sua infância ! Se é que não se trata de uma obra sua de pura ficção. Mas me fez lembrar de um episódio da minha própria infância, idade na qual não se tem tão claro o que é realidade e o que é fantasia – e que talvez justamente por isto sejam anos de uma lucidez que custamos muito a recuperar na sequência de nossas vidas, isto quando temos a ventura de fazê-lo. Mas o episódio deu-se quando um primo querido infelizmente acabou morrendo de infarto, que na época, no português coloquial da região em que morávamos, era o temido, porque letal, colapso. Minha mãe muito triste veio me contar do ocorrido: Fulano morreu de colapso. Nesta noite e por muitas e muitas noites que se seguiram não me permitia dormir de forma alguma com lápis de qualquer tipo sobre o pequeno bidê ao lado da minha cama infantil.

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