Escritor, cineasta, actor, director, formador

El Pedido de Julián

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

1.

En el momento que lo dice el universo se decide a cumplir su deseo, la luz se enciende y nada más puede fallar en ese espectáculo. El pedido de Julian se hará rosa. Con espinas defenderá la débil y necesaria belleza.

Está sentado junto a sus padres cuando todo está por comenzar. En su cabecita suceden diversas situaciones imaginarias. Se acomoda mejor en la butaca y ensaya un bamboleo corporal que le permita advertir a que lado debe moverse para esquivar las cabezas que van a taparle el escenario. Tiene 10 años y es posible que haya que cabecear toda la obra. Entonces, piensa en mí.


Piensa en mí.

Está sentado en el medio, entre su padre y su madre. Ellos tienen las manos sobre el apoya-brazos y están registrando diferentes cosas, el color rojo del telón, las personas que vienen entrando, los conocidos y cierta expectativa feliz.
Finalmente Julian decide y acciona al mismo tiempo. Todo va a suceder rápido de modo que es mejor respirar ahora para poder captar que Julian va hacer su pedido. Suenan 3 timbres seguidos lo que anuncia que la obra “Viejos” va a comenzar. La luz se apaga y en el instante mínimo que índica el comienzo, respira alzando el pecho y tomando fuerte las manos de sus padres ruega:

“Ojala que no se equivoquen”

Después salimos a escena y el pedido de Julián se cumple.

2.

Dicen las buenas lenguas que Chipana no duerme, solo trabaja. Dicen las malas lenguas que cuando se emborracha el illimani le habla y le indica caminos más verticales y esa es la explicación de todo.

Me crucé a Freddy Chipana en la escalera de acceso a los camarines. El día anterior al fin. Nos chocamos. No recordé en ese momento que cuando  le dije que iba a ir a su fiesta sin esperar nada, no era yo el que regalaba. Estuvimos en primera fila viendo sus trabajos, su regalo. Vi el estreno de su obra Basura, y estoy aun lleno de imágenes, acciones, palabras, lleno de entusiasmo y ganas de volver a desafiarme. Para mí es natural que la gente de teatro le tenga envidia, Freddy puede que sea un genio. Sin embargo, el mundo está llenos de genios. Genios que esperan que alguien frote la lámpara para, una vez cada 100 años, hacer algo mágico. La diferencia de Freddy con esos gordos flotadores es que no descansa. Trabaja, trabaja y trabaja aunque ya no esta flaco.

Hace un tiempo Freddy Chipana me recordó  el momento en que nos conocimos, hace unos 28 años, él era aun

adolescente cuando nos tocó entonces barrer y limpiar la sala de “El teatro de los andes.”

En ese entonces cargaba yo un apodo demasiado grande. Tenia el nombre de mi ciudad.  Dice que me preguntó, Banfield, ¿de dónde eres? Puede que él exagere pero afirma que yo le espeté, De Banfield, pelotudo.  Dice que él, tratando de acercarse, insistió en saber de qué club era hincha. Cuando yo le respondí lo mismo y con más energía él me odió profundamente. Dice Freddy que barrimos en silencio todo lo obvio hasta que lo llamé para que limpiemos unos lugares que al parecer otros pasaban por alto. Dice que dije una maldiciones muy graciosas y que limpiar lo que los otros no limpiaban nos hermanó para siempre. Yo solo me entero de esto porque él me lo cuenta un mes antes de que me invite a la fiesta que celebrará los 20 años del grupo de teatro que ha formado. Por eso vuelvo a La Paz, la única ciudad mágica de América Latina.

Algunos piensan que algunos tenemos un secreto, que existe una forma mágica de hacer teatro. Nada más alejado. Nosotros solo trabajamos. Solo trabajamos, todo el tiempo trabajamos. Por eso somos hermanos. Me dice Freddy.

3

Durante la presentación de “Viejos”, fui sintiendo lo que estaba sucediendo y llegué a la conclusión. Magia con Magia combina. La escena que cierra mi espectáculo la hace «El Profesor», quien en cierto momento comparte que ha estado casado durante 50 años y tuvo 3 hijos. Este personaje se saca el corazón en escena, y es quien afirma que si alguien se lo saca y le va bien piensa que debe sacárselo siempre. Cuando el espectáculo termina estoy saludando al público en el hall de entrada al teatro. Alguien me cuenta lo que acaba de pasar. Un hombre sale del teatro buscando alguien que le oiga. No ve a nadie atento entonces dice en voz alta, soy como el profesor, estuve casado 50 años y tuve 3 hijos, lo dice y mira a los costados hasta que un hombre de lentes lo enfoca y grita, yo también, 50 años y 3 hijos. Los dos viejos se abrazan. No se conocían. Se abrazan porque se sienten iguales a un personaje de teatro que los ha hecho felices. Magia con magia de nuevo. Se abrazan sin barbijo, cuando en Bolivia aun hoy está prohibido sacárselo.

Los que miran el evento se vuelven también felices, igual que yo cuando escucho y ahora que lo escribo. Este es el teatro que yo hago. El que quiero seguir haciendo. Un amigo de tiempos A, se acerca, me está presentando a su padre. Rolando me saluday me dice que no quería venir pero fue convencido por su hijo y su nieto. Rolando está serio. Yo también tengo 50 años de casado y 3 hijos y soy profesor. Sonríe por única vez para decirme. Qué suerte que mi hijo Horacio me trajo.

A la mañana siguiente, despierto en la casa de Maria y Juampa. Julián esta sentado en la mesa desayunando. Me siento frente a él y le pregunto qué le ha parecido. Muy bello, dice y agrega, el momento que Eduviges va juntando sus manos de esta manera. Entonces el niño, muy lentamente, hace que la punta de sus dedos meñiques se toquen para lentamente entrelazarse las manos. Al verlo juntar las manos, respira profundo mirándose, alza la vista y sonriendo me dice “Qué bonito”.  Julián me sostiene la mirada contento. Magia con magia de nuevo. Y aun no voy a enterarme de su pedido.

4.

Esta es la ultima noche. La jornada final del festival que celebra los 20 años del grupo Altoteatro de Bolivia. Que el grupo proceda de la populosa e indígena ciudad de El Alto puede llevar a confundirse haciendo hincapié en que el grupo procede de esa ciudad. Nada más lejano, se llama así por la altura del teatro que realizan, en el sentido de su calidad. 

Todas las noches he ido al teatro a ver las obras del grupo, y de El teatro de los Andes. Al finalizar la jornada compartiré la sensación de, por primera vez, participar de un festival que solo tiene obras de máxima calidad.  Está comenzando el cierre el evento. “Peligro”, la obra que cierra el festival tiene un universo kusturica-alteño. En cierto momento Freddy se queda en el centro de la escena. La banda está detrás, mientras una chica en la tuba baila sola, feliz, y contagia. Chipana tiene que mover el casco de minero para ensayar la primera llamada por teléfono. De otro lado yo sé que hay una mujer respondiendo. Freddy, el actor, se está interpretando a si mismo, pero me esta interpretando. Una parte escondida de mi experiencia en este trabajo está ahora mostrándose. Él esta contando lo que ha vivido, trata de compartir su alegría a miles de kilómetros de distancia con una mujer que escucha el entusiasmo de alguien que no siempre ha estado entusiasmado estando cerca. Es que el teatro, esa soledad,  solo se concreta y cobra sentido cuando deja de serlo.

Freddy habla de una presentación en un castillo, de cierto

maravilloso encuentro. De futuros trabajos. Su charla remite a la de un astronauta. Habla de cosas incomprensibles. Quien escucha no logra dimensionar nada. Sin solución de continuidad sucede el segundo llamado. Más corto. Del otro lado del teléfono alguien ya no quiere escuchar alegrías, y quien habla se da cuenta que quien se ha quedado está luchando con el día a día y contar una alegría más significaría no tener en cuenta al otro. Entonces minimiza los logros y trata apenas de escuchar.  La persona que escucha está superada por el día a día y por la espera. El tercer llamado no hay nadie. De uno y otro lado del mundo la distancia ha crecido. El teléfono ya no puede unir nada.  Mi corazón se ha atorado recordando mi vida como actor trashumante. El artista que necesita viajar para presentarse es una especie rara de la que he formado parte. Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo caminar horas en busca de un teléfono publico que ande, recuerdo que se rompa la tarjeta: Recuerdo estar cansado y no poder serenar a mi mujer, no poder hacer reír a mis hijas. Recuerdo mi niña llorando y mentir que ya regreso. Ver esta escena me ha traído un tiempo que tenía olvidado. He recordado que este trabajo guarda esa contradicción.  No se puede ser minero y agricultor a la vez.  Ya había visto espectáculos para gente de teatro, en el sentido masturbatorio, esos trabajos llenos de guiños oportunistas, y de todas esas mierdas que mezclan glamour con reivindicación. He visto muchos de ellos y nunca me he sentido tocado. A veces llego a la conclusión que por más que trabaje de artista, es posible que no lo sea. Tal vez apenas sea un ser que busca, un minero.

5

Yo no recuerdo haber vivido esto en un teatro. Me refiero a escuchar a las personas llorando.

“Peligro” me está haciendo llorar desconsoladamente. Nunca había sentido esto en un teatro. Este espectáculo es la verdadera respuesta a la pandemia. Estoy viendo algo conmovedor pero estoy escuchando detrás mío, una. No. Dos. No. Tres. No sé. Estoy escuchando personas que lloran en la fila de atrás.  Trato de no mirarlas. Son varias. Se les traba la respiración, hacen esos ruidos inexplicables que hacen los niños que lloran, solo que son adultos, estoy en presencia de una acto privado en un lugar público.

De hecho somos el público. El espectáculo evoluciona mientras una serie de personas expulsan lágrimas. Miran el escenario en llanto, no pueden respirar correctamente. Mientras sucede esto pienso necesariamente en la cantidad de teatros que existen. Esos bodrios. Ese teatro que siempre he detestado y que no es más que una pasarela. Una celebración del ego. O de la inteligencia. Una respuesta con una pregunta obvia. Lo que estoy viviendo justifica el tiempo de aislamiento. Estoy en medio de una cantidad de desconocidos que hemos empezado riendo y aplaudiendo pero ahora estamos llorando.

Estoy en medio de una veintena de personas que lloran mientras ven teatro. Lloran y de pronto ríen, porque estamos presenciando algo inusual. Freddy Chipana es el culpable, junto a todos esos otros nueve que me muestran que intentar ser feliz, es ponerse en Peligro. Altoteatro puede que sea la representación de todo lo mejor del teatro boliviano de este tiempo, tal vez sea del teatro americano también. Pero ¿De dónde salió este tipo? ¿Quién y quienes conformaron a Freddy Chipana? Eso es un capitulo aparte.

6

Fredy Chipana, nació en El Alto y compartió su madre con 8 hermanos. Dos de ellos son motor y búsqueda del grupo Altoteatro. En la trayectoria de Freddy de pronto aparece un alemán llamado Stefan que alberga con teatro a una serie de niños desabrigados a quienes los unen la calle y los ojos morados. Allí es donde Freddy empieza a conformarse. No solo como actor de teatro de grupo como ser humano. En ese colectivo junto a otros adolescentes que compartían el hogar montaron una versión de El Principito que marcó para siempre los que la vieron. Pasa después al emblemático “Teatro de los Andes” y con “La Ilíada” (quizás la obra más maravillosa que he visto) gira por el mundo hasta que decide que es el tiempo de lo suyo, renuncia y en el 2002 vuelve a El Alto para crear un grupo que haga diferencia. Así comienza esta última versión de Freddy Chipana. Un corazón  agitado latiendo teatro a 4150 metros de altura. En una parte del espectáculo “Peligro”, Freddy y otros reparten corazones rojos entre la platea. Es una forma de compartir el suyo. Unos segundos después, de una canasta, toma otros para nombrar aquellos que lo conformaron.  Si bien las referencias son escuetas y se limitan apenas a un nombre, identifico a todos. Tenemos referencias en común. Paolo es Nalli, Teresa es del Pero.  Los nombres me traen recuerdos, risas, emociones. Son el regreso de los que se han ido pero nos han marcado. Para cuando me nombra  ya estoy llorando. Ya soy parte de todos los que lloramos.  El Altoteatro me ha partido al medio, me ha dejado en carne viva. Ahora es solo esperar el embate final que no es más que la explicación del título de esta obra. “Peligro” no es solo ser minero.

Peligro corre también aquel que elige una vida restricta, una vida señalada y aparentemente correcta, una vida obvia, una vida triste. Peligro corre quien al llegar al final del camino, advierte que ha perdido su tiempo en algo que algunos llaman vivir y que no tiene ningún sentido aunque la mayoría lo haga. Lo que sucederá ahora es la revelación de Freddy. Para él, el verdadero peligro es elegir ser un artista. Trabajar de esto, sin parar, a corazón abierto. Pasar la pandemia con una bolsa de comida de vez en cuando. Recibiendo el mal de la envidia de ciertos pares. La indiferencia de los tristes y aun así trabajar para mejorar el latido de los impares. En eso consiste mi propio peligro. Altoteatro me trajo de vuelta a mí. La razón de mi camino. El deseo de emocionar a los otros, de alegrar, de permitirme ver la vida como una aventura. De buscar la alegría. Altoteatro me regaló la expectativa de que mi corazón guarde aun latidos que se harán teatro, textos, canciones, risas, elucubraciones, música, caricias, fórmulas mágicas. Cuando el espectáculo termina Rosi salta del banco a aplaudir. He vivido más de veinte años con esta persona y nunca la he visto de esta manera. Esta feliz. Estamos juntos y estamos felices aunque lloramos. Freddy grita. Grita por mí, me dirá hoy, Rosi .Por eso en este escrito renuevo en mí, el pedido de Julian. Cierro los ojos, tomo la mano de mis padres y de todos aquellos que de alguna manera me han traído a este lugar de exposición creativa, tomo la mano de mis ancestros, abrazo a mis hijas y con mi piel de gallina las protejo, conecto mis pies raíz a la tierra y elevo, como Julian, mi plegaria: “Ojalá lo que yo he vivido en La Paz, puedan vivirlo los otros”.

20 comentarios

  1. Y el llanto ahora nos sale a otros en otras latitudes. No encuentro los adjetivos. Creo que permitís que vivamos un poco lo que viviste. Gracias.

  2. Si hay magia, esa es tu historia,
    tu ver la vida y tu forma de crear vida, maestro! Me irrita el título de Entrevista a Evo Morales, explícate porfa.

  3. Ay Sergio! qué relato! con la piel de gallina me deja leerte… entrar en esos lugares y escenas que en verdad me son tan desconocidas y emocionarme con ese teatro como si hubiera estado ahí. Me queda abierto, como una herida que me recuerda q allí está, el deseo por conocer ese teatro, esas personas, esa experiencia. Te mando un abrazo querido Sergio, encantada de leerte

  4. Lindo! Obrigada!
    Me lembrei dos espetáculos de teatro de bonecos que vi em Canela, nos festivais.
    A arte bonequeira e latina. Os hermanos latinos. To cansada de teatro comercial ou masturbatório / intelectual.
    Me deu mais vontade de tocar para frebte meu trabalho solo, ímpar, que comoveu muita gente e as pessoas diziam para ru não parar de levá-lo adiante. Precisei parar pelos filhos que agora cresceram um pouco e finalmente vou voltar.
    Se Altoteatro vier a Porto Alegre por favor avisa-me. Pede para Rosi me avisar! E Viejos! Bah que espetáculo que eu EU SEI que é LINDOOO mas nunca vi!! Ojalá venham estas obras tocantes e sensíveis pra cá!

  5. Me dejaste sin palabras Sergio. Yo tambien estoy llorando porque comparti contigo y con Fredy momentos magicos. Y leer tu texto es tan fuerte y emocionante. Gracias, muchas gracias por hacerme parte de la magia de Fredy y de la tuya.

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