Escritor, cineasta, actor, director, formador

Nuevos Consejos Útiles

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

Estamos muy satisfechos por todos aquellos seguidores que día tras día nos envían agradecimientos por el primer consejo útil que hicimos público. Nos referimos al ejercicio de los deportes no pactados. Esos juegos de todo tipo donde uno elige el adversario y sin que él sepa realiza una actividad y le gana. A continuación uno se acerca al derrotado, y en vez de gozarlo, le señala arbitrariamente una virtud evidente o inventada. Como sabemos el elogio es más bien recibido que el dinero.

Sin embargo hemos recibido comentarios de dos tipos, los primeros afirman que después de practicado mucho tiempo, el deporte no pactado genera una cierta desgana ya que el constante éxito, se parece a un sopor. Los que han llevado el consejo a la actividad diaria comentan también que han descubierto con sorpresa el relativo valor que comienza a generar la victoria, como si ganar sirviera más, apenas para aquellos que están acostumbrados a perder siempre. Algunos, sin malicia, señalan que el deporte no pactado no podrá sobrevivir mucho tiempo. Ya que la raíz de su existencia se basa en el secreto y no contar lo que uno esta haciendo es un rara Avis. Da cuenta de ello la inexistencia de una universidad de espionaje. 

Hay quienes amparándose en la filosofía advierten cierta incongruencia en el deporte no pactado ya  que ganar y que nadie lo sepa puede ser el problema. Para estos últimos tenemos respuesta, nos gustaría afirmar que el deporte no pactado favorece los pensamientos positivos y esa sensación eleva el nivel de placer por la vida y hasta donde se sabe puede generar serotonina y cierta vocación a compartir la alegría con aquellos que han sido derrotados de verdad en cuestiones diarias. Para aquellos puristas que afirman que el deporte no pactado les ha servido solo un tiempo y que han descubierto que no contar que se gana es el problema le recomendamos que dejen de practicarlo pero que tomen este consejo. Si no les ha gustado contar que han ganado entonces pueden probar no contar que han perdido. No andar enarbolando que uno es un derrotado puede ser también una excelente opción. Son los excesos el asunto de siempre, ni fumarse un cigarro de dinamita, ni ir al campeonato mundial de futbol de Brasil cantando “decime que se siente”. Los sobradores, como sabemos, esconden en su gesto barbárico todo lo que les falta. Un practicante de deporte no pactado nos ha interpelado de una manera cariñosa afirmando que el ganar le generó confusión porque  tuvo un especie de “saudade” del tiempo que perdía.  Eso es inevitable ya que si hay algo que es valorado en la sociedad son las malas noticias. Desde tiempos inmemoriales ha surgido esta dicotomía. La sociedad se dividió para recibir: unos a quienes venían cargados de un buey que sería comido por todos y quien venía salticando trayendo su propia pierna a razón de haber sido mordido por un lobo. Sospechamos que nació allí una variante del deporte no pactado. Contar como uno ha perdido y tener la atención, incluso de ganadores, se parece a una victoria. Si no lo es.

El segundo grupo nos comentan que es posible que el texto “Consejos útiles”, se haya desparramado sin control y que se haya tornado  imposible practicarlo ya que  un grupo ilimitado de personas lo han leído, y por esa

razón, saben que les hemos ganado a algo no anunciado y acción seguida los hemos halagado.

Entendemos que la afirmación tiene cierta validez, ya que la venta telefónica, las obras sociales, la publicidad y la política nos tiene acostumbrado a eso, cualquier tipo de oferta halagueña tiene por consecuencia una pérdida futura, al orgullo, a la autoestima y sobre todo a la libertad. Si alguien te esta halagando es probable que te vaya a cagar. Para ellos comentamos que nuestro espacio de divulgación se limita, como siempre, a un puñado de lectores que hasta donde sabemos nunca ha sobrepasado las 50 personas de carne y hueso.

Va entonces aqui nuestro nuevo consejo útil. Disolver hasta el mínimo cualquier tipo de ejercicio para el bienestar es lo mismo que tratar de pesar el alma. Si usted trata de justificar que el deporte no pactado no sirve para nada sin duda va a lograrlo. Este es un ejercicio imperfecto y nosotros celebramos al poeta que dice “La imperfección es la forma que toma la perfección para ser amada”. En tiempos donde todo se pone en duda, y cuestionarlo hace parte del crecimiento hemos sido tildados de paternalistas pero eso mas que inmutarnos nos provoca. Nos pone en jaque. Nos da la posibilidad infinita que es la encrucijada. Los creadores del deporte no pactado celebramos un tipo de paternidad que a continuación explicaremos. Se puede, y hay muchos datos, crear un circuito perfecto de enseñanza para una niña pequeña, se puede incluso contratar un Aristoteles y tener una hija llamada Alejandra. Se puede preparar a una niña para la victoria constante, para ocupar su lugar en el mundo, para que lo conquiste antes de sus 33 años. Todo con la expectativa que se haga fuerte, para defenderse y que nada ni nadie la violenten. Eso es una opción. Y la celebramos. Pero lo nuestro es más suave. El deporte no pactado se parece a la actitud del bambú del lado del quebracho. Sospechamos que al duro árbol le agrada la bamboleante companía. Que lo fuerte puede convivir con lo débil y complementarse incluso dentro de nosotros mismos es la expectativa de este consejo. Para nosotros hacerse padre es perder a la casita robada y sentirse feliz. Es eso lo que añoramos. Esa es la paternidad a la que adherimos, la que nos permite  perder felizmente.  El nuevo consejo útil que dejamos a nuestros 50 adherentes es el siguiente. El deporte, así como todas las acciones de la vida, poseen la posibilidad de perder y felicitar al ganador. Perder felizmente es el nuevo consejo útil. La alegría de perder, solo la conoce un verdadero padre. Sospechamos que si el deporte no pactado se propaga y una multitud lo practica el simple hecho de acostumbrarse a ver lo mejor del otro nos enseñará a verlo siempre. Imaginamos un día en que ganen apenas los que lo necesiten, y pierdan apenas lo que se hayan acostumbrado a lo otro. Si de algo debemos aprender, dicen antiguos, es la actitud del corazón que pierde y gana  constantemente. Eso es la vida verdadera. Mas allá de esta corazonada en forma de metáfora queremos decir una absoluta verdad “perder o ganar no hacen mucha diferencia si uno recuerda que todo es un juego”.

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