Escritor, cineasta, actor, director, formador

El Algoritmo

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

Ustedes se imaginan la escena de Darín, en la ferretería, contando siete mil tornillos, en romano.

No sucedió de a poco. De un día al otro todos hablaban de él. Todos sabían de él. Todos creían en él. De un día para el otro, él se transformo en la explicación de nuestra existencia, en nuestro guía y nuestro camino. Cuando digo todos, me refiero a eso, no hubo distinción alguna. Como el tiempo es una medida relativa y no mensurable, es que parece que él está entre nosotros desde siempre, pero no es así. Jesús, ese concepto, esa idea, ese paradigma, está entre nosotros hace  apenas poco más que 1500 años. 

No me equivoqué en la fecha. Si bien la historia da cuenta de algo que sucedió hace dos mil años, si uno busca el origen del cristianismo y la creación de la Biblia, la expansión del cristianismo y el catolicismo y sobre todo de él, como salvador, puede confirmar que el texto que cuenta la historia de Jesús se remite al pedido del emperador Constantino en el siglo IV en Roma. Pero no es de Jesús que va este texto, es de alguien parecido. Alguien cuya existencia tiene la misma influencia. En realidad lo ha desplazado. Para evitar explicarlo, sugiero que leas el primer párrafo entero modificando apenas la palabra Jesús. Vuelve a leer atento a la frase que termina en “pero no es así”. Allí  en vez de Jesús se debe leer “El algoritmo”.

La otra corrección que se debe hacer sobre las palabras siguientes tiene que ver con el tiempo.  En vez de 1500 años hay que escribir 1200. Es decir el algoritmo, por más que suene muy actual está entre nosotros desde el 812 y, a diferencia de Jesús, se hizo popular no solo en occidente. El algoritmo es una creencia de mucha más humanidad. Los árabes, por ejemplo. Y justamente por hablar de árabes es que vamos a hablar del algoritmo ¿o digo Al-Juarismi? Solo como aclaración, algoritmo es la deformación latina del nombre del gran matemático persa, el padre de la álgebra. Es gracias a él que nosotros contamos así: uno, dos, tres cuatro, cinco, seis… Si no fuera por Al-Juarismi contaríamos: Palito, palito-palito, palito-palito-palito, palito-ve, ve, ve-palito… Esto sucedió gracias a él y en el año 1200, cuatrocientos años después de su muerte.

Existen ciertas similitudes entre Jesús y Al-Juarismi, la más importante es que ambos fueron tergirversados y utilizaron su vida, su obra, su gesta y su legado para fines contrarios a sus espíritus. En el primer caso la iglesia y en el segundo las redes sociales. No es difícil obtener información de los desastres que se han hecho con el nombre de Jesús y aun no estamos visualizando las insensateces que se realizan con el tergiversado nombre de Al-Juarismi. Todos creemos en él, nadie lo ve, pero aseguran que existe y que nos gobierna. Jesús ha muerto lo ha sucedido Algoritmo, el nuevo hijo de Dios. Un hijo que se adivina más duradero. El algoritmo es más popular, los miles de celulares son su iglesia. Pronto, sucederán los rezos, los tatuajes, los asesinatos y suicidios ya comenzaron. La necesidad de ser conocido es la nueva religión que todos han adoptado. 

Me estoy mirando al espejo y veo que mi barba ha crecido al igual que mi panza, me he puesto un traje y mientras miró inescrupuloso al espejo digo “Las redes sociales son el opio de los pueblos”. Antes que subas a una moto y vayas a desparramar por el mundo algo que yo he dicho quiero aclararte algo. Marx no creía que la religión era una droga que arruinaría al pueblo, él creía que la religión le daba un poco de sosiego.  Solo eso. En la época que Marx vivía, el opio no era algo terrible. Era un “faso” un cigarro de marihuana. En su época la religión fue el opio de los pueblos, hoy es internet y en especial las redes sociales. 

Todo este relato tiene un solo propósito, y es hacer el siguiente comentario. Nací en una casa atea. Una casa marxista, una casa sin Dios, Como en los año setenta y sobre todo con la dictadura militar había que ocultarlo, mi madre me ensañó a citar la ley 1420 de educación laica, de ese modo me defendí durante un tiempo y, citando eso, cuando tenía 11 años me quedé solo en la escuela cuando  todos fueron  a visitar la iglesia del barrio. En realidad Rechi también se quedó pero por una cuestión burocrática. Anduvimos caminando por la escuela ante la mirada esquiva de una de las porteras. A mí me costó decir, yo no creo en Dios, no creo en la iglesia, me quedó acá con el hijo del zapatero. Por ese ejercicio, hoy no me cuesta tanto decir en qué no creo.

En el caso del status quo actual, sin Dios, sin iglesia, sin paraíso, y sin ética, el poder esta representado por el amor al algoritmo. El algoritmo, según los diversos agentes que conforman el poder, nos quiere hacer creer, determina tu existencia. Se habla de visibilizar como si eso fuera algo definitivo. No todo lo que es visible es importante. Visibilizar no es el mejor verbo existente.  Hacer visible algo es una gran forma de de deshacerlo. Yo y todo una serie de fantasmas pensamos lo mismo. Ser visible es solo ser visible. Solo es necesario hacerte ver, si querés hacerte ver. No es el caso de los fantasmas y yo, a veces. Ahora, hacerte ver todo el tiempo debe ser la peor forma de la esclavitud. No me sumo a esta cruzada. Y hablando de eso, las cruzadas fueron la forma en que Jesús fue tomado para justificar las peores cosas que la humanidad podía producir. Todo este párrafo se puede usar del mismo modo que el primero y en vez de Jesús se puede usar Al-Juarismi. Es decir Jesus no es el cristianismo. Es más, puede que sea menos, lo que es sin duda mucho más. El algoritmo gobierna, como les gusta decir al vulgo. El poder de turno quiere convencernos de que hay algo calculado. Pero Al-Juarismo también es otra cosa.

En el fondo, el cristianismo tenía un propósito para el homo sapiens y era ordenar el mundo. Hacer creer al vulgo que todo estaba ordenado y que el solo hecho de  alinearse podría tener consecuencias bellísimas como el paraíso. El propósito actual para el Phono Sapiens es creer que existe un algoritmo, es decir, un cálculo, una operación algebráica creada por genios para conducir al paraíso del éxito, del reconocimiento en vida. La proporción aúrea, la secuencia de Fibonacci, han servido para la misma pavada. En ese sentido el Algoritmo le lleva ventaja a todos, Jesús incluído. Los resultados están aquí, son por ejemplo: un millón de vistas por patinarse en una banana.

Aquí está es mi voz y dice, no creo. No creo en el algoritmo. No creo que exista uno. No creo que haya algo que tenga que ver con la álgebra que determine que alguien tenga más manitos para arribas, seudo amigos, seudo seguidores, y se torne seudo influenciador de multitudes. Los que consiguen la popularidad lo hacen por cosas incomprensibles. No lo digo yo, lo dijo Borges. No existe un cálculo que devele que si ponés una foto de tu perro con un anteojos, a tal hora, vas a conseguir pasarle a la humanidad tu receta del pastel de papa. El algoritmo necesita un Discepollo que lo desnude y lo destruya. El que quiera postear boludeces, cada 5 minutos, que lo haga, quien quiera parecer feliz, que lo haga, quien desee un palito de selfie más largo, que lo tenga. Me importa un pito el algoritmo. Así como desconfío de alguien que tenga una cruz en el pecho, o una calcomanía en el vidrio de atrás, de su coche, diciendo que Jesús lo guía. Soy ateo de algoritmo. Tampoco creí en su tiempo en Jesús. Ahora, hasta me cae simpático. Con Al-Juarismi es lo mismo. El persa me parece un genio. Ustedes se imaginan la escena de Darín, en la ferretería, contando siete mil tornillos, en romano. Gracias Al-Juarismi. Te debemos mucho, por eso. Solo por eso, basta. Pero el algoritmo no gobierna Instagram, ni Tik Tok, ni Facebook, esto está gobernado por un que otro bobo que busca plata para comprarse plata. Lo que nos gobierna es un poco de azar y otro de persistencia. No me molesta si alguien cree que tiene que hacer un post a tal y tal hora, o si sus seguidores les gusta ver cosas a tal o tal hora. Tampoco me molestan los que van a la iglesia y rezan todas las noches, o los que leen un salmo antes de comer, tampoco me molestan los que agradecen a la pachamama, ni los que vienen a avisarme que el mundo se acaba. Los que afirman que escribir pelotudeces es mejor que hacer preguntas, me gustan cuando lo hacen solo para divertirse. El marketing y la lipoaspiración son cosas que no están en mi expectativa. El status quo, el poder, esa insensatez, necesita algo incomprensible que justifique su insostenible existencia. Siempre intenta cosas para que el vulgo pierda el foco, intentaron con la salsa de soja, la leche cultivada, las semillas de chía, la dieta de la luna y por último con el VAR. Pocas cosas han tenido tan buena recepción como Jesús, o el algoritmo.

Insisto, no creo en ningún tipo de orden creado por un matemático para gobernar al mundo. El mundo, como decía Epicuro, es caos, era caos en Grecia y es caos ahora, será caos, con o sin aceite de cannabis, el desafío sigue siendo tener un Jardín  real  donde recibir tus amigos y estar con ellos, conectarte jugando, pensando, plantando, bailando, cantando o recordando. En las redes sociales no hay amigos y en los cielos no hay dioses, tener conexión no es tener internet. El paraíso puede que se parezca a un lugar con millones de me gusta. Un all-inclusive. Un lugar igual a las fotos tridimensionales de los nuevos edificios con macetas de plástico. Hay gente que le gusta eso. Ojalá puedan comprárselo. No es mi caso. No entré en la iglesia a los 11 y no entro en el algoritmo a los 54. No es mi propósito. Pobre Jesús y pobre Al-Juarismi. ¿Si supieran para los qué ha servido su amor? Ojalá no sepan. 

12 comentarios

  1. Si la foto milagrera con Cortázar que te mandó san algoritmo no te convirtió, nada lo hará. Un abrazo desde el jardín.

  2. Al-jocara con el Al-goritmo. Aunque a veces Al-goayude, es mejor no estar Al-pendiente. Abrazo desde el Al-ma.

  3. Es la cuarta vez que comienzo esta nota. Sin darme cuenta toco alguna tecla y me borra todo lo escrito. Voy de nuevo. Muy interesante tu ensayo, sí que lo es, sobre la condición humana y su relación con la religión inventada por el hombre: con la filosofía otro invento del hombre y con lo que
    denominás algoritmo, desconozco, ignoro. Lo asocié a la música por eso del ritmo pero creo que no va. Me interesó mucho tu punto de vista y recorrido histórico. Concuerdo en parte del todo sobre la apreciación discepoliana del mundo apoyada en algunos filósofos y la conclusión que apunta a la felicidad ajena a las creaciones de utilitarios de congéneres modernosos. Un abrazo, agradecido de poder leerte.

  4. Querido Sérgio! Sabemos onde fica o Paraíso! Basta pegar o metro na Estação Rodoviaria de SP com destino a Estação Jabaquara e descer na Oitava Estação – Paraíso. Duas após a Liberdade!!!

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