Escritor, cineasta, actor, director, formador

La verdad de una minoría

por Sergio Mercurio

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Los que realmente saben lo que quieren, los que realmente saben quienes son y qué necesitan, no son como yo. Formo parte de otra minoría. Una que no pide nada. Hay razones. En nuestro caso, la política nos es esquiva. No podemos elegir quien nos represente porque nuestra desconfianza acerca de nuestros propósitos nos hace inclinarnos, sin ningún prejuicio, por seres que piensan todo lo contrario. A nosotros se nos ha propuesto elegir un representante que nos iguale, y en cierto momento lo hicimos pero una vez electo, al elegido le pareció más oportuno, y nos lo comunicó, encontrar la razón verdadera del por qué la remolacha es la única verdura roja. Estuvo un tiempo a punto de descubrirlo pero le fue mejor organizando torneos de windfsurf y hasta donde sabemos sigue haciendo eso en Mar Chiquita. Algunos de nosotros nos hemos sentido traicionados, me incluyo, otros, en cambio, aplaudieron las razones que lo llevaron a dejar la política para siempre. Desde ese momento, preferimos no perder el tiempo en ese aspecto. La conclusión fue que era mejor que no nos representara nadie. De una manera u otra, alguien, hasta sin querer, hace algo por nosotros, así como puede atacarnos. No nos molesta, teniendo en cuenta que somos una minoría super pequeña. En otros aspectos, estamos a favor de la alimentación y a favor del ayuno. Algunos de nosotros come una pera cada siete días y otros comen milanesas con papas fritas de lunes a viernes. Los fines de semana cambian por la milanesas napolitanas con puré, y el domingo, con ensalada. Con respecto a la forma de relacionarnos, somos grandes amigos y nos peleamos para siempre. Con respecto al amor, amamos la familia y a la vez a los ermitaños. Somos mujeriegos y clérigos. Estamos a favor del trabajo tanto así como la vagancia. Nos encanta recordar y olvidar sin solución de continuidad y ambas cosas las hacemos con el mismo entusiasmo. Perdonar y matar. Nosotros estamos a favor de ser justos pero no en todos los casos, en algunos nos parece mejor ser buenos. Atención. Este es quizás el gran problema que tenemos con la mayoría. La gran mayoría a nuestro modo de ver, se entusiasma con la justicia: y supone tiene que ver con la bondad. Nada más absurdo. Ser bueno no es ser correcto. Bah, me aburrí, no voy a explicarlo. Piensen lo que quieran acerca de mí. Con respecto a la percepción que tenemos acerca de los demás obviamente somos muy cambiantes, salvo en lo fundamental. Hay algo en lo que nos parecemos a todos. Nos es inevitable respirar para seguir vivos. Algunos de nosotros, claro, defendemos insistentemente el aire puro y todo lo que se pueda hacer para mantenerlo limpio. Otros disfrutamos vivir en Chile o en México, incluso hay algunos de nosotros que se disfrazan de espantapájaros, se ponen un sombrero y anteojos verdes, un saco de color beige y una corbata rota, se paran con los brazos abiertos en el medio del campo y esperan sonrientes que la avioneta tire roundup a diestra y siniestra, seguros que el glifosato es solo una cosa más que ha creado un genio y así como las balas no matan a todos los que la reciben, tampoco lo hace el cáncer, tampoco el coronavirus, tampoco es causa de muerte no saber lo que se quiere o lo que se necesita, tampoco se matan todos los que intentan suicidio. Nosotros, los puristas, si somos acusados de algo renunciamos a los abogados, y aceptamos cualquier veredicto, aun cuando tiempo después, nos parezca lógico que alguien nos defienda. Nosotros, la verdadera minoría, somos buenos y malos a veces de una forma muy equilibrada. No merecemos respeto o sí, pero sí un respeto que no tenga una forma super standarizada. Me refiero a cierta forma de respeto que muy habitualmente se transforma solo en una fórmula. Nosotros no suscribimos nada ad eternun, salvo como les dije eso de que somos un minoría en medio de un lugar que es tan pero tan grande que respirando no lo lastimamos y que nos parece hasta lógico suponer que no nos registren, salvo, tal vez, uno que otro científico loco. Ser visibilizados no nos genera otro sentimiento que no sea la gracia. Cierta simpatía. No más que eso. Esta es nuestra verdad. Dice uno de los nuestros que la verdad debe ser dicha con alegría, por una razón muy simple: es la verdad.

12 comentarios

    1. Yo, como parte de una minoría que nunca esta deacuerdo consigo misma, digo que no. Decir con alegría no confirma nunguna verdad, puede ser mentira. Solo digo que si vos tenes una verdad, podés decirla con alegría.

  1. Cuestión de tiempo, las minorías serán las futuras mayorías y éstas tendrán nuevas minorías que en el futuro…

  2. Minorias e maiorias. O que gostei mais Sergio no teu falar de escriba. É que é muito divertida a verdade quando nos colocamos à brincar de olhar para nós mesmos dentro da multidão e nos encontramos parceiros loucos que escrevem e vivem o que escrevem.
    Daí vale a pena ser pequeno…
    Abraço!!! Companheirada!

  3. Entre tanta ambivalencia y desconcierto nunca estaremos seguros de decir La verdad, pero siempre la diremos con alegría. Y alegría es leerte. Gracias!

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