Escritor, cineasta, actor, director, formador

Más Allá de las Trompadas

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

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Me despedí sin que me quisiera saludar, mientras gritaba que yo era un “hijoeputa-comemierda”

La primera vez que escuché ésta historia fue en el modo de Charly García. Bien podría haber dicho que eso le había pasado a él, pero se limitó a responder una pregunta. Le preguntaron acerca del éxito y eligió contar una historia. Una persona encuentra un gurú, un gran sabio. Delante de él pregunta lo que cualquiera de nosotros quisiera saber: ¿Maestro, dónde está el éxito? El gurú, se encuentra sentado, en posición de loto, está casi desnudo, abre uno de sus ojos y extiende su mano señalando un camino. La persona, ante la dirección inequívoca que señala el gurú, toma el camino de la dirección indicada, camina y camina. Un tiempo más allá es abordado por un grupo de seres que lo cercan y lo golpean sin cesar. De algún modo la persona se zafa y corre desesperado en retroceso. El camino lo encuentra, de nuevo, delante del gurú y, seguro de haber entendido mal, insiste en preguntar por el éxito. Vuelve el gurú a señalar con su mano la dirección antes citada. Toma este el camino, más atento, pensando haber errado la trayectoria, pero en otro lugar del camino, otros seres saltan sobre él y lo muelen a palos. Huye la persona, perturbada y enojada con el maestro. Al encontrarse con el gurú ya no guarda formalismos, y lo increpa, ¿dígame concretamente, dónde está el éxito?, entonces el gurú abre ambos ojos y señalando nuevamente hacia el mismo lugar, explica, “allí, un poco después de las trompadas”.

Me gustaría poder decir que eso es así, tal cual como lo cuenta Charly. Me gustaría afirmar que tomé el camino y que cuando me empezaron a castigar me la aguanté y logré pasar. Que hablo desde el éxito o más allá. O que me empezaron a pegar y me dolió tanto que volví y renuncié a la gloria. Pero no es así.

Recuerdo, una vez, que estaba pasando malas, mi hija tenía un año, estaba creando un nuevo espectáculo y no me salía. Hacía 6 meses. Gastaba y gastaba y se me estaba acabando el ahorro. Había elegido vivir en la Argentina, un lugar de artistas que viven de otros trabajos. Como yo no tenía otro, hacía un mes que exprimía la billetera y había empezado a evaluar dejar definitivamente todo. La Argentina, como dice Horacio, es un lugar excelente para ganarse fama, solo ese cuento. Sonó el teléfono desde Nicaragua. Si un centenial pensase, cómo se hacía para conseguir un teléfono de Banfield en Nicaragua advertiría que lo que cuento es raro. Me ofrecieron trabajo, en realidad, ayudar a los niños quemados de Nicaragua. Algo justo. El que me llamó, me explicó que yo era alguien increíble y que mi presentación sería en el teatro Nacional al que iba a ir medio mundo. Habló de empresarios. Le dije cuánto cobraba y ahí es cuando agrega que no pueden pagarme nada. Acepté ayudar a los niños quemados de Nicaragua sin saber que empezaban las trompadas.

Llegué a Managua con un billete de 50 dólares. Me fueron a buscar y me llevaron al mejor Hotel de la ciudad. El fiasco iba a empezar al rato. La asociación de niños quemados, era una organización filantrópica coordinada por la mujer de uno de los empresarios más ricos de todo centroamérica. La más rica del país me había señalado. Me hospedé en uno de sus hoteles. Me llevaron a ver el teatro y a conocer a la doña y ver el ensayo. Me explicaron que tendría una intervención gloriosa de unos 15 minutos. Antes del cierre, donde la mujer bailaba, ella se sentó a mi lado y me hizo ver la coreografía. Me pidió mi opinión. Tomé aire y le dije que era algo muy malo. Me miró serena y agradeció mi sinceridad. Me explicó entonces, la cantidad de dinero que esa noche iban a recaudar. La cuenta era fácil. La entrada más barata era 100 dólares y la capacidad 700 personas. Mientras yo hacía la cuenta, me habló de futuros contratos. Muchos y en diversos países. Todos organizados por ella. Por su corporación. Esa tarde cambié el billete de 50 dólares que había llevado, ya lo iba a recuperar. A la presentación vinieron los ricos de un país de pobres, el presidente incluído.

Me sacaron fotos y en todos los periódicos elogiaron al famoso artista argentino. Sergio Mercurio había venido a ayudar a los niños quemados de Nicaragua. La mujer y quien me había llamado, me explicaron de mil formas que las contrataciones iban a llegar al otro día, ya que, la crema de la crema de empresarios de centroamérica, solo hablaban de mí. Gaste 20 dólares invitando a un amigo un café, en el hotel.

Al otro día, temprano, tuve la primer entrevista. Un hombre vino con un periódico, con mi foto en la tapa, que explicaba la maravilla que creaba. Se sentó para halagarme un largo rato. Esperaba la oferta, hasta que la hizo: “Señor Mercurio, tal vez esto para Usted no sea mucho. Quiero explicarle lo siguiente, usted, como famoso, tal vez conozca de Nicaragua solo la gente bien, los que son como usted, pero en Nicaragua hay mucha pobreza. Misería. El caso es que represento una organización que busca padrinos. Famosos del mundo apadrinan, uno o dos niños nicaraguenses, garantizando de ese modo su educación, su salud y su cultura. Entonces, Don Mercurio, aquí tengo el libro de los niños que usted podría apadrinar, por apenas 100 dólares por mes. Me gustaría que vea los niños y piense a cuántos quiere ayudar. Yo estaba estaba todavía procesando el halago y eso me hacía inclinar y levantar la cabeza afirmando, de la forma que los verdaderos pelotudos lo hacen. De pronto tenía un libro en la mano y el tipo me mostraba fotos. Este niño es apadrinado desde ayer por su amigo Ricardo Montaner, él lo estaba viendo y dijo maravillas sobre su trabajo. En algún momento tomé coraje y le dije que no podía, que no me alcanzaba. Me explicó que podía hacerlo con mi tarjeta de crédito, me ofreció incluso, que podía apadrinar por 50 dólares por mes. Cuando le dije que no podía, ni tenía tarjeta de crédito, empezó a ponerse violento, y levantar la voz. Aquí cabe aclarar que los nicaraguenses hicieron una revolución (terminó saliendo mal, pero la hicieron). El tipo me pidió como último recurso que diera un aporte voluntario, para la causa. Me quedaban 30 dólares. Me despedí sin que me quisiera saludar, mientras gritaba que yo era un “hijoeputa-comemierda”. Al llegar al cuarto no encontré nada por menos de 30 dólares para calmarme, hasta que sonó el teléfono. Como me llamó dos veces más, pedí que no me molestaran. La que más me tocó fue cuando me dijo hipócrita, que si yo me juntaba con toda esa gente rica era imposible el cuento de pobreza que yo le contaba. En ningún momento me creyó. Al terminar la segunda conversación dijo que si yo usaba la fama para eso, solo esperaba que reciba mi merecido.

No sé donde está el éxito y no sé tampoco si es eso lo que quiero. Creo que algunas veces he ido hacia el éxito y nunca me aguante las trompadas. Ni las más mínimas. Soy un reverendo cagón. En mi caso el éxito no necesito patovicas. Siempre he sido muy miedoso. Alguna vez, recuerdo vivir algo así como trompadas en forma de policía echándome de países. La chilena me encerró en una habitación, la brasilera lo hizo en un ascensor, la policía colombiana lo hizo en un modo más cauteloso que, sin embargo, logró darme más miedo. En todos los casos siento que he retrocedido mucho antes de las primeras trompadas y que por eso todo lo que digo, sobre esto, es de prestado. Cuento cosas que otros cuentan. Soy el tercer arquero suplente de un equipo que ganó algo. Si algo puedo decir es que las pocas cosas que el éxito me trajo me avergonzaron, me pareció que ciertas personas se acercaban a mí por lo que estaba representando, no por lo que era. No me veían. Veían el éxito. Podría hacer una lista de esa gente. Son quienes vieron que podía ser el peldaño que ellos querían pisar para llegar a un lugar en donde suponían que yo estaba. Esto me ha permitido conocer lo peor de cierta gente. En todos los casos todos activaron lo peor mío, mi ego. En todos los casos, la forma de entrarme fue por el halago. Recibir halagos y creerlos es la forma en que empiezo a derrumbarme. Los halagos son peores que las piñas. ¿O serán las piñas?

11 comentarios

  1. A la mierda!!!!
    Si te habré dado trompadas amigo, jajajaja.
    Pero solo una cosa te diré, yo ya te conocí exitoso, sin plata eso si
    Muy lindo texto ( hasta me lo creí).

  2. Fijate como son de raras las cosas que yo, que desde los 6 años de edad vivo en Banfield y te conocí de grande y por un proyecto que nada tiene que ver con la obra que te hizo conocido acá (de hecho nunca vi tu espectáculo de títeres ni nada que hayas hecho sobre un escenario). Te conocí pisando las mismas baldosas y charlando de un proyecto que nos ponía a todos a la misma altura. No tuve la chance de que los halagos que otros te habrán hecho interfirieran en mi visión sobre vos. No hubo trompadas. Solo algún elogio que te he hecho aquí, por algo escrito. Algo que equivaldría a una piñita en el hombro. «¡Poncho! ¡No juego más!» Como cuando pasaba un escarabajo Volkswagen. Vos tuviste la oportunidad de pegarme una elogiosa paliza cuando te envié mi libro y sin embargo te abstuviste de pegarme tanto como de ensalzarme. Aunque una cosa signifique la otra y viceversa. Vos mismo lo aclaraste en ese mail, «hay gente que se cree que puede opinar sobre la obra del otro y hay quienes se creen esas opiniones». La conclusión que saco es que simplemente hay que saber bancarse el cariño y hay que disfrutar de ciertas trompadas. Parece que no, pero si estamos lucidos, uno elige cuales duelen verdaderamente.

  3. Me encanto el texto vecino de otro barrio. De alguna manera me hace pensar que quienes andamos con alguna ilusión todavía bajo el brazo, nos esforzamos en seguir creyendo. Aun luego de las trompadas. Y creemos…todavía creemos.
    Gracias por escribir para los vecinos de los barrios.

  4. Muy interesante, todos tus textos tienen una porción de vivencias reales y otra de imaginaria trama que confluyen en un texto que atrae y atrapa al lector. Desde ese lugar te digo: creo en la eficacia de las trompada; me agradó la anécdota del gurú; tu paso por el éxito no se discute, que a veces no deja plata, tampoco. Y sobre esto tengo una opinión. El éxito es algo pasajero; un sueño apenas, los sueños suelen ser cortos, pero, cómo se mide un sueño ? Quién puede decir que es corto o largo el sueño ? Es la espuma de una ola que se desmaya en la playa? O acaso la lent erosión que hace el viento en la montaña? El éxito vale un instante como la chispa del leño encendido. No vale entonces la búsqueda desesperada, la pérdida de mejores momentos. Andar, aguardar las trompadas, resistir, levantarse, seguir. Es la vida, ese corto tramo de existencia que también es una chispa del leño encendido. Abrazo. Adelanto mis felicitaciones por esos libros que están al salir.

    1. Qué interesante lo que me comentas Cacho. Hay algo que casi todos los que escribieron coinciden con respecto al éxito. Y tiene que ver con que todos dicen que no existe. Yo no concuerdo. Creo que si existe. Charly Garcia es exitoso, es Messi y fue Maradona. Madonna y los Rolling Stone. Nadal y Shakira. Creo que muchos conocen el éxito. Yo no lo conozco. Creo que Michael Jackson fue exitoso y tuvo que recibir las trompadas y pasar. Los que pasaron de las trompadas tienen derecho a hablar de eso. Yo, repito, no conozco el éxito. Apenas empezaron las trompadas me dio cagazo y volví a esta especie de reconocimiento que muchas veces me contenta muchísimo y otras veces me llena de bronca

      1. No niego en ningún momento la existencis del ´éxito, solo digo que lo es muy efímero, un suspiro en el trnscurso del tiempo, pero que bien vale recibir trompadas para obtenerlo, como lo es la vid misma. Perdura sí, el recuerdo en otros del sujeto existoso cuando el sujeto del éxito ya se fue.Y también digo que a veces el éxito no deja beneficios materiales, solo satisfacción personal por haberse levantado de las trompadas. Del «reconocimiento» se pasa al ´´exito, el paso no es largo, llega solito libre ya de trompadas. y sigo insistiendo en lo efímero de tods las circunstancias, la eternidad es un mito aún para los existosos. Hoy es hoy. Voy a comer milanesas con papas fritas.Día de éxito. Buen desayuno. Abrazo matutino.

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