Escritor, cineasta, actor, director, formador

El Propósito de Aparicio

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Por Sergio Mercurio

Ilustración Osvaldo Krasmanski

En el comienzo de del siglo XX el escritor británico H. G. Wells escribió una novela delirante. “El hombre invisible” es una historia que sucede en la posada “The Coach and Horses”, (El entrenador y los caballos) en el pueblo de Iping, Gran Bretaña. En la posada, Griffin hace experimentos. Su obsesión se basa en el índice refractivo de los objetos. ¿Qué es eso exactamente? Griffin nos permite conocer que las cosas que vemos son vistas gracias a la luz que reciben. Esa luz choca contra éstas, la absorben y reflejan, confirmando para los videntes, su existencia. En la elucubración de la mente de Grifin: si un objeto no puede recibir y rechazar luz, entonces sucederá algo increíble: se volverá invisible. El protagonista hace una pruebas con un gato y lo logra, después de unas peripecias consigue finalmente, él mismo, desaparecer. La delirante novela de H.G.Wels tiene mucho asidero. No es tan delirante como parece. Comienza aquí esta historia.

Donde yo vivo es un lugar apacible y amigable, los vecinos solemos hablarnos desde el borde de nuestras casas. En la esquina vive el señor Anédota, un nonagenario, que cuenta que en los años 50, su grupo de atorrantes convencieron a un muchacho que poseían la loción de la invisibilidad, se la dieron a probar y una vez el muchacho la hubo tomado, empezaron a hacer de cuentas que no lo veían.

Hombre que mira la luna. Osvaldo Krasmanski

El muchacho estaba feliz totalmente convencido que lo había logrado. Saltaba y gritaba mientras ellos miraban en direcciones erróneas preguntándole dónde estaba. Él respondía totalmente eufórico. Finalmente lo convencieron que podía hacer algunas travesuras, el muchacho lo tomó en serio pegándole una fuerte patada en el traste a un tipo que por ahí pasaba. El andante se detuvo, lo observó incrédulo y, acto seguido, lo llenó de golpes mientras los atorrantes reían. En la cuadra todos conocemos esta historia y la novela de Wels. Somos lectores. La novela ha sido llevada a la pantalla en diferentes momentos. Están las adaptaciones estrictas a la historia e incluso ha aparecido un personaje de Marvel que lo representa ,siguiendo las directrices de la creación del británico. La señora Crédula tiene una opinión tajante: De que sirve ser invisible si nadie lo nota. La invisibilidad es un logro tramposo, lograrlo implica ganar un desconocimiento. Salvo un grupo de madres que juegan a la ronda quejosa por ciertas desapariciones, nadie festeja que no se vea a alguien. Desde que una gran mayoría insista con el ferviente deseo de hacerse ver, la invisibilidad desaparecerá llevándose la novela de Wels. Todos estamos, más o menos, de acuerdo con esto salvo una sociedad secreta que integra un tal Aparicio.

La secta de Aparicio ha sido tocada por la preocupación del británico. La comunidad realiza actos que rondan lo diabólico, aun hoy día, persigue la lógica de la novela de Wels como si fuera un tratado científico. Si algo tiene de particular esta secta es su propósito, transitan calles muy concurridas. Lo hacen de una forma muy lenta. Conocen todas las herramientas de la invisibilidad y las ponen en práctica Obviamente evitan gritos, o música. Su obsesión es lograr la invisibilidad. Se dice que cierta civilidad los ha perseguido y que han logrado la impunidad a fuerza de estrategias. La gente de Aparicio anda. No hace nada. Aprovechan la invisibilidad para ver todo. Observan. Invisibles deambulaban, de vez en cuando, por capricho, recogen de una manera sigilosa cosas sin dueño. Un colchón, un pedazo de puerta, alambre, una bolsa llenas de botella, cartón.

Doña Crédula fue quien arrojó luz , al decir que Aparicio tenía un su nombre un estigma que no lo beneficiaba. Aparece. Tenia razón, pero lo que impedía que cumplan su objetivo era un detalle: se les veía el caballo. La novela de WELS no da cuenta de ello. Pero nadie puede hacer desaparecer un caballo. Nadie puede transitar romanamente las calles de una polis, con uno de ellos, sin ser visto. Ese fue el talón de Aquiles de Aparicio, lo supo a fuerza de gritos. “ Te vemos, tu caballo arrastra tu existencia de cartón. Te hemos descubierto” Fueron todos mis vecinos que de diferentes maneras le hicimos saber su fracaso. Aparicio se marcho vencido, golpeando con un látigo al animal que hacía que lo vean. Unos días después Crédula comentó: “Nadie puede hacer desaparecer un caballo. Pueden comprobarlo. Se pudieron hacer diversas e increíbles cosas con ellos: máquinas de guerra, carreras, saltadores eximios, terapia para dolientes, pero nadie, ni siquiera los grandes magos, los han hecho desaparecer. Los caballos son seres especiales. La giganteza y la docilidad solo han podido crear este animal. Las ballenas pueden desaparecer bajo el agua. En cambio un caballo es imposible, está hecho para ser visto. Aparicio esta condenado al fracaso”.

Se suponía que la secta de Aparicio fuese cercada a fuerza de sus propias limitaciones. Se supuso entonces que la secta había desaparecido, que Aparicio y los suyos se dejaron de perder el tiempo en insensateces y comenzaron a vivir una vida digna de entrar en nuestro vecindario. Sin embargo los que festejan lo visible no pudimos sostener la victoria. Si bien hace ya un año y medio que nadie hablaba de Aparicio y sus gentes. Cabía una pregunta ¿Y si lo lograron?¿ Si finalmente lograron ser invisibles ? Y si fuimos nosotros mismos quienes le dimos la solución al advertirles la característica de su fracaso?

Lamento decir que durante unos meses tuve la sensación que Aparicio y los suyos lo habían logrado. Que se regocijaban entre ellos y que finalmente andaban por nuestro vecindario triunfantes. Era invisibles. Esto me persiguió unos días hasta que anoche fui a sacar la basura y escuché un extraño sonido, un tintineo continuo, era algo que yo recordaba del tiempo que nadie recuerda. Era el sonido de una mamadera. Rápidamente corrí hasta el cordón e hice un esfuerzo para tratar de ver. A pesar de la noche, la iluminación era perfecta. Juro que tuve un acceso de migraña. Escuchaba algo que no veía. Fue algo muy, pero muy, espeluznante. La calle estaba vacía. Me refregué los ojos, y pude ver algo así como un carro de madera, que venía desplazándose por la calle, traía encima una cubierta de auto, una heladera desvencijada y un montón más de porquería. No podía creer como era posible que el carro se desplazara solo. Volví a refregarme los ojos y entonces apareció lo que a simple vista no se veía. Era el objeto que producía el sonido que me hacía recordar lo que no recuerdo. Una mamadera. Era una mamadera que se movía de una manera muy arbitraría en el aire. Entonces comencé a reír y saltar de una manera clownesca. Los había descubierto. Presten atención, grité en el medio de la calle. Instantáneamente los vecinos corrieron las cortinas de sus ventanas para saber que sucedía, unos salieron a la vereda a escucharme. Ahí, les dije, si aguzan la vista, verán un carro desplazándose solo, sin un caballo. Todos movieron la cabeza. Entonces insistí: La gente de Aparicio lo ha logrado, se han deshecho de los caballos, ellos son los caballos, están ahí escondidos, quien arrastra ese carro es un hombre o una mujer invisible, es alguien de Aparicio. Agudicen la vista, podrán ver una mamadera que se mueve sobre el comienzo del carro. ¿Se dan cuenta? No supieron ocultar la mamadera. Esa mamadera la sostiene un niño que es, como ellos, invisible. ¿Se dan cuenta? Los he descubierto. Un ataque de risa me hizo doblar el cuerpo mientras señalaba entusiasta. Mis vecinos me miraron contentos pero corrieron las cortinas y volvieron a sus casas. Tengo una relación fantástica con ellos y quería hablarles pero debí esperar a la mañana para encontrarlos en la vereda. Mi sensación es hasta ahora muy extraña por la unanimidad de los comentarios. No habían visto nada.

Regresé a mi casa con una sensación que me persigue: tuve que buscar un espejo De ninguna manera me interesa pertenecer a la secta de Aparicio. Y el hecho de ver lo que otros no veían me hizo sentir incómodo. Necesité confirmar que sí existía, frente al espejo. Lo que vi me hizo pronunciar mi nombre. Al hacerlo recordé cosas que no recuerdo y eso me ha dejado sin palabras.

Se agradece compartir

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8 respuestas

  1. Gracias Sergio por regalarnos lo bello escondido en lo cotidiano. Actos de magia para que por una rendija podamos hallar luz. ¡¡¡¡¡¡ Grande Maestro !!!!!!!

  2. Muchísimas aristas en este relato. ¡Mucha tela para cortar! Tela de esa que reviste nuestras reflexiones en el fuero interno. Tela con la que nos hacemos sastres de la realidad. Todas esas cosas para masticar y masticar, trae este relato. Con magia se puede hablar más certeramente de lo cotidiano. Gracias por la magia de hacer aparecer la tela para vestir una idea desnuda (o invisible). Gracias por hablar de la realidad invisible con la magia tangible de la escritura.

    1. Fer, me siento feliz de leer lo que viste en mis letras. Escribir sobre esto fue un propósito y un desafío, Ahora leyéndote me alegro mucho, gracias por leer y comentar

  3. Qué es la invisibilidad en una cotidianidad donde pedimos a gritos que lo seamos; es divertido a veces, otras no tanto. Un relato que es mágico por pura gana de serlo; es grandioso; sí realmente hay mucho por cortar como dicen; lo invisible nos lleva de la literatura a lo real y viceversa. ¿Y qué es lo real cuando magia somos?, Gracias, una vez más!!!, Siempre me logro perder, por instantes, en tus relatos.

    1. Hola Olga, perderse leyendo, así como jugando, y como otras cosas más trascendentes es lo que más me gusta: Gracias por comentar

    1. Sil querida, no sabes cómo me alegra que hayas visitado este escrito con tus palabras, que lindo es para mí saber que usted sigue por acá cerca mio

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