Escritor, cineasta, actor, director, formador

mamá me dice

por Sergio Mercurio

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Extraído de un diario de viaje

mamá me dice, hijo mío, ¿hoy trabajaste? sí, le digo, trabajé vieja, trabajé, ¿y te aplaudieron amor mío? no mamá hoy no me aplaudieron, ahhhhhhhh qué pasó amor, no me mientas, sí que te aplaudieron. no mamá no me aplaudieron, pero por qué hijo, dónde te presentaste. me presenté a la mañana en el supermercado, después en el correo y más tarde en la secretaria de cultura. tuviste tres presentaciones. sí mamá. ¿y porque no te aplaudieron? bueno  supongo que en el supermercado no les pareció especial que yo compre dos papayas y una caja de galletitas, con respecto al correo mandar un fax y dos cartas certificadas creo no les hace sentir nada y con respecto a la secretaria de cultura: nunca aplauden a nadie. ahhhhhhh. y dónde fue el espectáculo. ¿qué espectáculo? me dijiste que hoy trabajaste hijo. si mamá, trabajé. ya te expliqué que trabajo todos los días y casi todo el tiempo. bueno, hijo, no seas así, mamá quiere que te aplaudan. ya sé mamá, ya sé. entonces decime cuándo trabajaras de nuevo. ehhh. el sábado mamá. el sábado. qué lindo. si sale algo en el diario mandámelo. ok mamá. 

10 comentarios

  1. Belo, mui belo !!! Somos todos trabalhadores incansáveis de um dia a dia onde são raros os aplausos. Mas a consciência tranquila ainda vale sempre muito mais.

  2. Cuando te leo, me dan ganas de escribir. Te lo agradezco!
    Las «madres»…. ahhh… recuerdo a la mía acompañándome toda una temporada de verano a la plaza de mi ciudad, con su banquito plegable de lona verde oscuro (creo que comprado para la ocasión). Todas las noches el ritual era prácticamente el mismo, ir a buscarla a su casa donde me esperaba sentadita en el hall, con su bolsito de colores tierra con florcitas blancas y su bastón de tres patas. Emperifollada con estampados llamativos (muy cool, me decía un amigo!), para cumplir su rol de guardiana de les acechadores que quisiesen ahorcar al «Cazeñor» o a les traviesxs que sin querer, se acercaban demasiado a los cables de las luces del retablo. Sentada de costadito, bien cerca de la mesita en la cual las marionetas salían a hacer «su trabajo»; mirando directamente al público, pero con un ojo flotante que también observaba, una y otra vez la función (igual que muchxs niñes del club de fans, que no se cansaban nunca de defender al Lobo). Había tomado por costumbre pelearse un poco con quien se atreviera a interrumpir (despuntando el vicio de docente jubilada), charlar entre funciones con lxs turistas o algún conocido de años atrás que hacia tiempo no veía, ser la tesorera de «la gorra», averiguarle la vida a los lutier que teníamos de vecinos, avisarme cuando ya era muy tarde y «el público de la noche» ya estaba más denso, marcándonos la hora de retirada. La tarde siguiente el ritual volvía a repetirse, durante el camino a la plaza me contaba sus achaques del día, alguna discusión con la señora que la ayudaba en su casa y no faltaba la pregunta: ¿Cómo te fue en la gorra? Viste, te dije que eran tacaños los de anoche!

    1. Claudia, que hermoso eso de que eran tacaños los de anoche, ajajajjaja,. Que hermoso. Hay otros tipos de madre, claro. A nosotros nos tocó este tipo y eso que cuento es tan hincha pelotas como bello

  3. Muy simpático y TAN cierto.
    Creo que a todos nos ha pasado, de alguna manera.
    En los rubros que nos ha tocado desempeñarnos.
    Gracias Sergio.

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