Escritor, cineasta, actor, director, formador

A Chamada

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Para minha amiga Helo

Mas allá de Curitiba está Paranavai y mas allá comienza Mato Grosso, sin darnos cuenta aparece a Campinha das Moraes y casi llegando al cansancio se queda un en el valle «A Chamada das Paixoes». Chamada es como los pobladores le dicen y no por que ya no haya pasiones allí sino mas bien porque a lo largo de la historia chamada a traído algo más que pasiones en escala.

Mas allá de hoy puede ser ayer o incluso puede ser justo hace veintiséis años atrás cuando Helo camina con su saya de escuela por la Rúa Salvador Baptista. Viene de la escuela y va para casa.

Es una niña

No todas las mujeres pueden ser niñas a tiempo.

Mucho menos hace veinte años y en Chamada.

En Chamada hay un boteco para jugar sinuca, Hay un puesto de gasolina que Jurandir atiende y celebra con sonrisa como si ayer mismo hubiera sido la liberación de los esclavos. Hay dos árboles inmensos de gruesos troncos grandes como Bao Babs y hay macacos dando vueltas y molestando a todos menos a los perros. En Chamada está Don Isaías con sus versos heróicos sus tiradentes, cangaceiros, tropeiros y sus historias de Passo fundo.

En Chamada hay unos hombres que conocieron A Lampiao. Hay un cura Alemán. Una prostituta cariñosa, Hay un Niño llamado Vinil porque su padre estaba obsesionado con los discos de pasta. Hay frío en las noches como ésta, cuando es invierno y después nunca más. No es un frío real ,es en realidad que no hay calor y hay ganas de cachaca. La librería es nueva.

Nueva es la migración por esto del aserradero, nuevas son las máquinas y esa otra música más del sur, mas gaúcha que incluso cae mal de tanto sombrero de alas, cuando uno se aleja por la callecita de Don Portugal, tiene que subir un poco, esquivar los perros de Fagundes y sobre todo los de Yacunza. Entonces uno tiene que nomás caminar para arriba unos quince minutos y ahí se ve las sierras. Es raro lo que voy a decir y por favor no lo malinterpreten pero las sierras parecen rojas. No es algo que tenga que ver con el atardecer ni a lgo que se perciba a simple vista, pero es así nomas las sierras parecen rojas. Si uno a ido ahí desde niño sabe que los barriletes hacen juego con el rojo. No sabe porque pero lo sabe. Es como todo lo importante que llevamos dentro: seguro y secreto.

En Chamada uno puede crecer , Helo no lo sabe pero ya el tiempo ha empezado a pasar y ella sigue la Baptista bajando y subiendo a la escuela. ¿En que piensa la niña? ¿Quién sabe? Aunque casi siempre piensa en su hermana mayor. Qué importante es tener hermana mayor. Los que no tienen hermana mayor no lo saben. Claro que es mucho mejor no tenerla. Porque ella es siempre más importante. Y tiene de todo más que una. Quizás porque cuida las cosas, por eso tiene más. Pero eso no importa cuando papá nos quiere.

La primera vez que Helo paso por la librería no entendió que era, se quedo mirando el mundo de papel y colores.

Ella no supo que era observada.

Corrían otros tiempos en Brasil. Había que leer pensaban muchos. Es que leyendo tendremos más cultura, es que leyendo lograremos crecer como pueblo, como nación; es que leyendo vamos a ser más grandes de lo que ya somos.

Muchos creyeron en eso, Don Augusto por ejemplo. El había amado los libros por su tío. El tío había navegado y tenía esa pasión, Lo saben los marineros. El hombre de mar tiene su mundo dentro del mundo. Y quien no conoce tierra firme durante semanas o incluso meses necesita la tierra firme de las letras que siempre lo hacen a uno volar con asidero. El tío Malaquías era bien negro, se le notaban los rasgos Zulús, no tanto como a la madre de Don augusto. Lo que leía no era tan relevante como lo que contaba. Era un hombre nacido para dos cosas: para navegar y narrar. Nunca había tenido hijos o no se los conocía. Augusto recibió el primer libro de las manos del negr

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mayor. Lo que más le llamo la atención fue como la mano negra y grande de su tío lo sostenía y lo llevaba hasta sus pequeñas manos. Era una historia de guerras. No había otras historias para Malaquías.

Cuando Augusto le tomo el placer, sus padres decidieron ir a parar a una ciudad grande. Pensaron en Sao Paolo y terminaron en Campinhas. Pero al final de todo, Augusto se acostumbro a libros y lecturas y nadie supo porque volvió casado con Angela a Chamada con la firme convicción de poner una librería. Era un emprendimiento arriesgado. Y resulto primero porque Chamada estaba creciendo, habían florecido escuelas, entonces los artículos de librería eran el fuerte. Los libros estaban todos apoyados en unas mesas largas que para Helo parecían de distancias inconmensurables, pero que para el sistema métrico universal median exactamente 2 metros con 50 centímetros.

Hay una edad donde las cosas son altas, son largas, misteriosas. Es la mejor edad. Siempre van a decir verdades mejores, pero esta es la mía. Hay una edad que las cosas son otra cosa mejor que ellas mismas.

Helo se acostumbró a pararse y se acostumbro a entrar, a leer de parada y se acostumbró a que eso sea importante.

El primer libro lo robó mucho después.

No sabe de donde le vino, era claro que sabia que no había que robar. Pero en ese momento pensó en algo que le hizo dilucidar que robar era otra cosa. Quizás robar era tomar el dinero de otro y dejarlo sin comida. Robar no era entonces tomarse un libro de las ofertas.

La primera vez fue casual.

Había apoyado su carpeta y sus útiles escolares en el comienzo de la mesa y al alzarlos se le había quedado enganchado un libro. Era como si el libro hubiera querido salir de ahí. Se dio cuenta afuera, una vez que caminó unos pasos por la vereda. Lo notó porque se le cayó. Cayó del lado de la tapa que no dice nada. En ese momento supo que era suyo porque las cosas que son nuestras son aquellas que no sabemos de que se tratan pero se quedan.

Lo dio vuelta y leyó. Nunca olvidaría el titulo de ese cuento. Le duró 6 días. Durante esos días no apareció por la librería porque tenía la certeza de que la acusarían. Si le obligaban a devolverlo quería al menos haberlo leído. Después de 7 días junto un dinero y fue directo a la libraría y se compró el mismo.Quería de alguna manera arreglar lo que había hecho. Comprando el libro que se habia llevado. Pero era evidente que no se habían dado cuenta. Diez días después no fue por casualidad que quedó enganchado Ulises. Y fue mucho después que quedó Mi planta de naranja lima. De a poco todos se iban enganchando y los de la librería nunca se dieron cuenta. Nunca.

Robar libros no es un robo, Comenzó a pensar Helo. Robar un libro es otra cosa que solo Dios sabe y de hecho acepta. Si no en ese momento haría que el dueño, por una razón cualquiera, dirija su vista a esa niña, o complique las cosas con su todopoderoso poder. Pero Dios nunca hizo nada.

Cuando Helo dejó chamada esa no era la única librería pero por siempre iba a ser la primera.

Veintiseis años después Helo esta caminando por Chamada. Busca el paisaje rojo. Pero también se ha ido. No están los olores, ni el viento, ni en el valle mariposas. Nada es lo mismo. Pero ha tomado la Salvador Baptista como cuando iba a la escuela Y de la misma manera va con la cabeza gacha estudiando la vereda. Ahora le está pasando esto de detenerse y sobresaltarse. Ha dado los mismos pasos de antes y se ha quedado nuevamente absorto en el templo de Don Augusto. Tiene ganas de llorar le han venido apilados los recuerdos, las historias, los primeros cuentos. Ha entrado y ese viejo que la observa está embalsamado. Ya nada lo sorprende Helo no ha podido otra cosa que ir al mostrador y saludarle

-Señor- le ha dicho.- Me recuerda. Soy la hija de Jeremías..

El viejo ha entornado los ojos rojos llorosos, la ha visto con la memoria y ha sonreído feliz mientras grita.

– Angela, Angela. Ven, ¿a qué no sabes quién nos ha venido a visitar? La niña que se robaba los libros. Angela, ha vuelto tu preferida.

Chamada. Pista 7. CD Cuentos de un Banfileño- Sergio Mercurio

Se agradece compartir

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2 respuestas

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