Escritor, cineasta, actor, director, formador

Los Portores del Mundo

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Por Sergio Mercurio

velocistas mexico 68
jimi tommy y peter norman

Encontré a Brunitus en internet el otro día, estaba contando su conmocionante cuento, llamado Triple. Al otro día nos encontramos vagando delante de la pantalla y hablamos un poquito. Me contó entonces que estaba leyendo “Mi amigo del Aire”, por partes y con una amiga. Yo le dije que había visto su cuento sobre el Portor. A el le gustó que titule así la historia del hombre que había hecho la proeza de haber dado tres vueltas en el aire por primera vez. Me contó que ese cuento era el fruto de un taller literario, del ejercicio de describir un instante. Le dije mi parecer, el cuento de Brunitus siento que se centra no en el coraje del que hace la grandeza sino en la actitud del que espera, el carácter del que va a salvaguardar la proeza del otro. El portor.   El cuento, que ya me había emocionado la primera vez que leí, estremecía algo mío. El portor es la confianza hecha ser humano. Ese sentimiento ya traté de retratarlo en “Viejos de mi..”, y es la amistad.  Lo que quiero decir con esto, no es que el portor sea el mejor amigo del arriesgado, sino que el Portor es amigo de la humanidad. De todos los hombres. Es el que dice, hacelo, yo te hago el aguante. Es que dice probá ir más lejos, contá conmigo. No lo hace por complicidad, es alguien que lo hace por un respeto inmenso por la individualidad del otro. A mí me emocionan estos hombres. Me emocionan los portores del mundo. Me emociona Juanito, el personaje de “Viejos de mi… “. Salva a quien sea sin importarle la hoja de vida.  Me emociona y siempre me han emocionado esos hombres, no sé si he sido el portor de alguien, alguna vez, pero si mi vida pasa apenas en mi intención de ser reconocido no merezco ningún portor. Estoy exteriorizando esto, que busca ser efectivo, voy a ampliar. A Brunitus le conté que su cuento me hizo recordar uno de los textos que más me han estremecido en los últimos tiempos, lo leí en la revista brasileño PIAUI, y lo guardaba como un tesoro. De vez cuando lo leía y lloraba, hasta que un día lo guardé tan bien que no lo encontré jamás.  Es la historia del velocista Australiano  Peter Normam aquel que en las olimpíadas de México del 68 está compartiendo el podio con dos negros que levantan la mano en puño reclamando la injusticia que comenten contra los negros los yanquis.  Dice Tommie «Si gano, soy americano, no afroamericano. Pero si hago algo malo, entonces se dice que soy un negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche»  Estamos haciendo esto “. Para las personas que fueron linchadas o asesinadas, y nadie ha dicho una oración por ellos, que fueron ahorcados y para los que fueron arrojados al agua en mitad del pasaje” Por estas declaraciones el comité olímpico, les quitó  las medallas y los yanquis pidieron que los echen de la villa olímpica, los mexicanos tuvieron el coraje de actuar como portores y no les hicieron caso al imperio y los dejaron.  Sea como sea. A los dos negros de la foto les fue negado todo, los condenaron al ostracismo, los dejaron sin trabajo, sin nada.  El cuento que he perdido relata la historia de Norman. El blanco ese que está mirando para adelante en la foto, sabe perfectamente lo que está pasando a su lado. El ha corrido los 200 metros tratando de pasar ese instrumento humano de velocidad inusitada y no ha podido alcanzarlo. En el momento anterior a la premiación están los tres  juntos en el vestuario y Norman se entera lo que los otros velocistas van a hacer, van a denunciar al estado más racista del mundo. Tommie Smith y Jhon Carlos le cuentan a Norman. Dicen que provocarán la ira del dragón: En el momento que suene el himno, bajaran la cabeza y  levantaran el puño en representación del poder negro, Norman escucha sin decir una palabra. Le dicen que esto provocara un escándalo. Tommie busca entre sus cosas los guantes que trajo especialmente para este acontecimiento y descubre que no trajo dos pares. Los dos atletas negros se miran. Entonces Norman, el blanco, les dice que usen ese par. Pónganse cada uno uno, en una mano. Los negros lo miran y es por eso que salen con los brazos cambiados, por eso Jhon Carlos tiene el guante negro en la mano izquierda. En ese momento Norman se estaba transformando en el portor de esta historia. A veces uno no se prepara para ser Portor, son las circunstancias que hacen que uno mude el curso de la vida. Norman sale en búsqueda de su medalla y se coloca un escudo que lo une a los atletas en defensa de los derechos humanos.  Después viene la foto. Tres hombres han tomado una decisión. Esa decisión los ha hecho salir abucheados del estadio. Los 3 son condenados al olvido. Ya a nadie le importa que son los hombres más veloces del mundo. Nunca más les iba a importar al vulgo la velocidad de estos hombres. Yo me enteré por el texto de la Piaui que estos tres seres fueron amigos toda la vida. Ese acontecimiento los unió, Norman cargo con el peso de ponerse del lado de los negros en una lucha que no era la suya. Vivió una vida muy dura, se perdió en el alcohol y murió antes de tiempo. Lo maravilloso de esta historia es el final.  Cuando Norman muere en Australia aun segregado por su país y por su gente por lo que hizo, llegan dos hombres desde otro lado del mundo, están conmovidos y solicitan el permiso que se les es otorgado, Ellos cargarán  el cajón de su amigo. Son dos hombres negros, son los portores de quien fue su portor. Tommie y Jhon, ya grandes, levantan el cajón de Norman y lo acompañan hasta empezar a desaparecer en la tierra. A mí, me lastima haber perdido el texto ya que está  mucho mejor contado que ésto que yo ahora relato.  Pero bueno, ya está, aprovecho todo esto para saludar a los portores del mundo, los que silenciosamente están expectantes para que los que se arriesgan por los demás no mueran tan rápido. A ellos, a todos ellos va mi abrazo

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