Escritor, cineasta, actor, director, formador

El Secreto de la Vida

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Hay un papel volando que tiene el secreto de nuestra vida, vamos a atraparlo pero un viento lo levanta, lo sacude en el aire, lo aleja. Corremos para tomarlo, con las manos hacia adelante, expuestos y pendientes como un ciego, después de cuatro, cincuenta o cien millones de metros el papel da contra un obstáculo, golpea y se adormece en el piso casi inerte. Ahora sí, este es el momento, estamos por tomarlo pero hay algo que nos impele a apresurarnos, qué pasa si lo que dice no nos gusta, si lo que expresa no podemos soportarlo, qué sucedería si el secreto de nuestra vida es algo repugnante. Estamos detenidos, igual al viento que antes lo había levantado. Si el viento actuara resolvería nuestra incertidumbre pero todo está estancado, no sucede nada, estamos a un brazo del secreto de nuestra vida escrito en un papel. Aquí a veces pueden pasar años, pero aun así a pesar de un posible siglo solo depende de un mínimo gesto y podremos leerlo. En algún segundo o década relojeamos a ver si alguien nos espía, por si acaso alguien pueda luego dar testimonio. A nadie parece importarle demasiado alguien delante de un papel. Hay quizás una persona un poco más atenta que otra por ver que hacemos, nada importante. Lo hemos aprehendido, tenemos el papel con el secreto de nuestra vida en las manos. Es concreto y está en perfecto estado, entonces lo colocamos al sol, lo giramos a uno y otro lado y no necesitamos guía, lector, o diccionario. No hay manera de confundirse. No dice nada. Ahí viene la primer sospecha. El secreto de nuestra vida se ha borrado. Si no hubiéramos dudado tanto hubiéramos podido leerlo a tiempo, pero acontece de pronto otra sospecha, ¿y si el papel siempre ha estado vacío?, ¿si el destino no existe? ¿si el secreto de nuestra vida es un papel en blanco?

Es ahí donde miramos para atrás, y algo nos ayuda a ver nuestro paso, la ráfaga de viento que nos hizo andar con cierto convencimiento, con cierto sentido. En el ejercicio del recuerdo pasaremos un buen rato, y podremos degustar ese hecho, confirmaremos que recordando: el esfuerzo no cansa, el dolor no duele tanto sino que hasta a veces sana, y es la memoria una trampa que con cada ejercicio muda el cuento y encuentra otro comienzo. Otro derrotero e incluso un nuevo final. En ese devaneo volvemos al papel y aunque sigue sin decir nada ya algo sospechamos.


PD: Este texto fue escrito hace 20 años. En ese entonces yo no había visto Kung Fu Panda 1, donde trata este mismo asunto pero de una mejor manera. Si has llegado hasta aquí en tu lectura te la recomiendo. Cuando termines de verla olvidarás que yo te la indiqué y que apenas es una pelicula animada para niños.

Hoy, 20 años después, encuentro este texto y solo me parece que el papel decía: Cuando aparezca debes ver Kung Fu Panda y recomendarla, nos hará bien a todos.

Se agradece compartir

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