Escritor, cineasta, actor, director, formador

Sin tiempo que perder

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Por Sergio Mercurio

A mi Padre

Como otros verbos, sostener puede ser usado de diferentes maneras. En el caso de la mitología, a Atlas, le tocó sostener el cielo. En las imágenes que se hicieron del mito vemos a un tipo condenado a cargar sobre sus espaldas un planeta. Sostener, a priori, parece algo dificilísimo. Hay alguna duda acerca de si el nombre Atlas tiene, en su etimología, el verbo portar o tener. A la hora de pensar en sostener algo nos damos cuenta que hay que hacer fuerza para que aquello no caiga. Si bien sostener es un verbo muy parecido a tener: en sostener hay de diferencia de esfuerzo. Sostener también se usa habitualmente para referirse a una afirmación. Una persona puede sostener, como Atlas el mundo, apenas una idea.

Esta última acepción fue la que utilizó Antonio Tabucchi en el título de un libro, que fuera conocido posteriormente como una película, que encarna uno de los mejores Marcello Mastroniani que pudimos compartir. Mastroiani ya viejo interpreta a Pereira, un viejo redactor de la sección cultural en un periódico local, de una Lisboa de fines del 30, cuando el salazarismo ha pasado apenas 5 de los 40 años que quedará en el poder. La característica de Pereira la sabremos apenas abrimos el libro: Pereira sostiene ideas. Son las opiniones que tiene un hombre viudo al borde de la jubilación, un hombre con una rutina imperturbable.

Sostiene Pereira es el título de la novela de Tabucchi y comienza con la frase de su título. Entre todos los comienzos posibles de libros que recuerdo me regocijo en repetirlo, en abrir el libro y volver a leerlo. Sostiene Pereira es el mejor comienzo que he leído, de hecho hasta que Tabuchhi lo escribió de ese modo, sostener: era para mí solo un esfuerzo físico.

Tabucchi nos regala un viejo, que como todos ellos sostienen cosas a fuerza de costumbre, un viejo que como muchos de mis conteporáneos sostienen que quieren un día dejar de trabajar: para no hacer nada. Pereira es un viejo que parece que iremos a ver en el hotel de baños termales conversando amablemente con otros viejos sobre curiosidades para siempre. La historia de Tabucchi se sostiene siguiendo a Pereira, entrando en su cabeza sabiendo lo que piensa suavemente un viejo lleno de modismos livianos, un poco afectado al calor que calma con limonadas hasta que en un lapsus se le ocurre ofrecer una especie de pasantía para que alguien, en el futuro, se empiece a ocupar del trabajo que el va a dejar. Sostener la lectura de Sostiene Pereira no amerita ningún esfuerzo, el libro flota, las páginas se pasan solas, sostengo que en un momento uno puede dejar de leer y es llevado, es capturado por el libro y ya no hay vuelta atrás. Sostengo que uno pasa unos días con Pereira y ve como el encuentro con un joven, el breve encuentro con un joven, roe todo lo que Pereira sostenía, para finalmente, dejarlo caer y sin ningún peso más, vivir lo que tenía que haber vivido alguna vez en su vida.

Pereira sostenía, igual que muchos, que quería pasar sus últimos días sin hacer nada, Tabucchi nos regala cierta comprensión, la vejez no es para no hacer nada, pobre de aquellos que no les quede nada para hacer cuando sean viejos, puede que en ese instante sufran cierta eternidad de nada y descubran que así fue toda su vida. La vejez, muestra Pereira, puede ser una aventura maravillosa donde uno se compromete con cosas como nunca jamás pudo hacerlo. Ayer, después de deambular por muchos lugares para bajar mi enojo llegué donde mi padre, un viejo de 81 años que vive sosteniendo un montón de cosas. Luego de llevarme a su cocina y ofrecerme un té, me mostró como había hecho dos cuchillos. No eran dos cuchillos, No era apenas eso. Era el minucioso trabajo de un orfebre. Era una obra singular, barroca, y espeluznante. No eran dos cuchillos, eran las armas de un guerrero. Acaso las suyas. Me quedé viendo lo que había hecho hasta que empezó a mostrarme los detalles. Si yo le preguntara cuando empezó a hacerlos, a pensarlos, a imaginarlos, como se le ocurrió que el metal de un coche podía ser cortado, pulido y tallado de esa manera, si yo le preguntará cuando empezó a investigar la electrólisis, el deberá decir que empezó después de cumplir sus 80 años. A los 80 años muchos de mis contemporáneos quieren estar sin hacer nada. Yo sostengo que si el tiempo me espera hasta esa edad, yo quiero vivir lo que vivió Pereira, quiero poder ver un joven y dejar atrás todo lo que he sostenido o en todo caso quiero hacer lo que hace mi padre, sostengo.

Comentario final

Hace 30 años, vi la película y percibí claramente que había un texto que debía encontrar. Corrí a comprar el libro y lo leí como aquí cuento. Al terminar de leerlo le contaba a mi novia la experiencia de ese libro, íbamos los dos en un tren hacia el oeste. Le dije entonces que me había propuesto algo: quería leer el texto original. Si era necesario aprender italiano iba a hacerlo. Quería sentir la musicalidad original que Tabucchi había creado. Mi novia me preguntó en que lugares lo había buscado, y le relaté los sucesos. Estuve hablando de “Sostiene Pereyra” todo el viaje a San Miguel, íbamos en esos antiguos trenes que ofrecían la posibilidad de mover los asientos y separarse de quienes uno se enfrentaba. En este caso íbamos en un asiento que tenía el espacio para dos personas enfrente nuestro. Justo enfrente de ella, en este caso, pegado a la ventanilla, iba un joven leyendo: totalmente perdido. Es muy curioso ver a alguien que está encimismado en la lectura, porque esta dentro de su imaginación. Está en otro plano de sí mismo. Antes que el tren llegue a destino y cuando nosotros habíamos parado la charla, el joven dio un suspiro y se recompuso, dejó el libro abierto y lo apoyó sobre su pecho. El libro era de Antonio Tabucchi y se llamaba “Sostiene Pereyra” editado por la Universale Económica Feltrinelli. Fue cuando leí el nombre de la editora que percibí que tenía en sus manos el libro que yo estaba buscando. Sostiene Pereira en italiano. Feltrinelli es la editora que lo editó y sigue editando en Italia. Al ver lo que había pasado mi corazón dio un vuelco. Yo traté de mirarlo fijamente, mi novia hizo lo mismo, ambos nos abrazamos de una extraña manera, de alguna manera nos sostuvimos. Nos sostuvimos en el tren que solo iba, igual que la imaginación de ese joven que finalmente dejó el tren en la siguiente estación sin siquiera mirarnos.

Al llegar, unos años atrás, a Italia, me dirigí casi sin interrupciones a Nápoles, entre a una librería de usados y conseguí por 2 euros el único ejemplar que restaba de la misma editorial del muchacho del tren. Comencé a leerlo y fue igual, y mejor, o igual de mejor si es que puede decirse eso. Quiero sostener esto último: fue igual de mejor.

Sostiene Pereyra, el que escribió Tabuccchi, comienza diciendo Sostiene Pereira di averlo conosciuto in un giorno d´estate… el resto es indescifrable, ni siquiera copiándolo todo podría lograr transmitirlo, el texto solo puede estar contenido físicamete en un libro, uno debe sostener algo mientras tiene un Sostiene Pereira en sus manos. Tiene que ser un libro. Al terminar de leerlo uno puede, como escribió Tabucchi y  como Pereira , finalmente, sentir que ya no hay tiempo que perder.

Se agradece compartir

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19 respuestas

  1. Sostener. Reflexión tan pertinente para el viaje éste. Gracias por poner el verbo, la situación, sobre la mesa.

  2. Me encantó el relato y además de dejarme resonando en ese verbo -sostener- generó dos curiosidades que buscaré poner a andar: ver la película y leer el libro.

  3. Gracias Sergio por compartirlo!, que bueno lo que planteas y queda resonando en.la.cabeza. Sostener….
    Y.otra cosa para pensar llegar a viejo para no hacer nada y que se suele escuchar muchas veces…
    GRACIAS!!!! me encantó

  4. Vivo en el cotidiano tira y afloje de sostener y abandonar creencias sobre cómo llevar mi vida. De lo que estoy seguro nunca me voy a bajar es de sostener que siempre hay algo más. Y eso es, parafraseándote, «igual de mejor» que vivir. Gracias por compartir esta visión (y agendo a Tabucchi para leerlo)

  5. Caray mi estimado Sergio, a veces no nos damos cuenta de lo que cada quien sostiene y veo a mi padre ahora mismo y pensando, pensando me da un sentimiento de nostalgia de cuanto, por los momentos que se vivió tuvieron que sostener.. y como mis padres muchos y muchas en sus momentos. Es sostener a toda una familia, trabajo, educación, alimentación, complicado a veces, duro también y en ocasiones más liviano, pero siempre como hasta ahora con mucho esfuerzo. todo esto me lleva a pensar y preguntarme cuánto es lo que yo sostengo.
    Gracias mi estimado Sergio!

    1. Bernardo querido, que interesante lo que me comentás. Inevitablemente me ha tocado enormemente tu pregunta. ¿Cuánto es lo que sostengo y debería dejar de lado? ¿Cuánto llego la hora de dejar de sostener? Gracias por tus palabras

  6. Sostengo que eres siempre sorprendente, Sergio, y que sostengo sin esfuerzo el gusto de leerte. Tu padre también nos sorprende

  7. Gracias por ese texto. Vale decirlo porque aprender algo siempre sirve- no sé cuánto y para cuando- así me lo dijo unas vez un sabia maestra de tercer grado, mi primer amor imposible. Y lo decía con tanta convicción y dulzura que realmente nos entraba en la cabeza, a mí también en el corazón. Por esas cosas del destino esa maestra se cas´´o con un viejo de más de veinte años. Y yo creo y lo sostengo que si hubiera nacido un poco antes capaz que nos casábamos. Bueno, dec´´ia que me gustó mucho tu texto, además descubrí un autor italiano, el tal Tabucchi que inventó ese personaje para darnos la mejor enseñanza que comienza con ese esfuerzo vital como es sostener un propósito, una idea, un proyecto, algo qu e nos provea satisfacción. Me impactó la reseña de ese escultor que dice tener 81 años, admirable maestro de la estética que transforma la cosa, cualquiera sea, en una obra de arte. Lo último sobre los cuchillos cuesta entender tamaña perfección y/o casualidad lleva tu mismo apellido que es el de aquél dios mitológico de la historia universal. Los Mercurios sostienen, lo sostengo.

    1. Cachito.
      Qué sensibilidad tu escritura a pesar de tu corta edad. Siempre es alegre que un pibe haga comentarios como los tuyos. Siempre es una alegría para mí, que vos comentes, lo sostengo

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