Escritor, cineasta, actor, director, formador

La locura del sueño

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

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En la película del héroe que consigue dormir empiezan los títulos. Estoy dando el tercer paso y me relajo. ¡Crack! ¿es un disparo? Un disparo en la noche. Fue el guachiman de enfrente que me disparó

Hasta la frontera de Bolivia con Perú me llevaron en auto, Isa, Eulalia y Diego. Me sacaron una foto de espaldas yendo a Perú: a no saber. Fue una entrada sencilla, la relevante fue por un techo, rompiéndolo y despeñándome.

Estuve por el sur un tiempo, finalmente llegué a Lima después de no dormir durante 32 horas. Venía de Arequipa. De Nazca, de las líneas. Un conocido de mi viejo me recibió en su casa con los brazos abiertos y dos horas después El Chino me ofreció hospedaje en su taller de escultura dándome un celular y presentándome al Chato, su asistente y casero. Estaba muerto de sueño pero acepté ir a Barranco, un rato. En el bar Juanito, había un viejo de traje negro que tocaba tangos con un violín un poco desafinado. El Chino lo encaró y le pidió algo alegre, porque quería bailar. El tipo no sabía. Salimos de ahí y terminamos en un bar de música cubana. Ahí se entusiasmó. Lo saqué borracho. Lo metí en un taxi y lo dejé en la casa. En el camino se quiso pelear con el taxista varias veces. Le debo por ello una experiencia alucinante, defendí por única vez en mi vida un taxista.

—Ahora sí voy a dormir— pensé mientras trataba de recordar el lugar donde estaba el taller. Eran pocas cuadras. Igual estaba el Chato esperándome.

Toqué el timbre. Los “guachimanes” miraban.“Guachimán” es una de las tantas expresiones que escuché por primera vez en Perú: “guach” viene de mirar en inglés y “man” es hombre. Es decir guachimán es un hombre que mira. Un vigilante. Crucé y encaré al guachiman de enfrente.

—¿Vio al Chato?

—El Chato se queda dormido, préndase al timbre, mi señor.

Me prendí. El Chato estaba haciendo lo que yo deseaba hacía ya más de 40 horas. Pensé en saltar el muro. El guachimán me advirtió que la cerca eléctrificada me iba a rostizar. Lei :ALTA TENSIÓN. PELIGRO DE MUERTE.¿Sería verdad?

— Toque más el timbre —insistía el guardia.

¿Puede ser que justo haya conseguido una cama y no la pudiese usar? Toqué el timbre con una persistencia que me llevó a descubrir algo: Los timbres se queman.

— ¡¡¡¡¡¡¡CHATOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!

— Está durmiendo — insistía el guardia.

La desesperación del sueño empezó a atormentarme. Entonces me encosté a la pared de entrada. Di vueltas sobre la vereda varias veces hasta que algo me incomodó en el pantalón. Era el celular. La una de la mañana. Tenía que llamarlo, había pasado una hora intentando entrar. Era muy tarde. Llamé. A la quinta vez corté. No hay celular que despierte un borracho. ¿Qué hacer cuando lo único que uno quiere es dormir y no tiene dónde? Calculé el muro y la cerca eléctrica. Tenía que saltarla. Saltar la cerca implicaba llegar al patio interno del taller. Estaba a pasos de mi cama El guardia me confirmó que eran las dos y media de la mañana. Subí. No sé porque estaba con un tubo de afiches en la mano, ahí me di cuenta que tal vez me serviría para neutralizar la electricidad. Desde la pared de la casa vecina observé los cables que podrían en otras cosas matarme. ¿No es la muerte un sueño eterno? Debía arriesgarme. Dos cables gruesos puestos de tal manera que si conseguía saltarlos sin tocarlos, me salvaba. Para eso tenía el tubo de afiche. Bloquearía con el tubo la electricidad y saltaría. El plástico no conduce electricidad. ¿O conduce? El tubo no servía. Había que saltar. Cairía en el patio de una altura de unos tres metros. Caer y rodar en el pasto. Nadie muere por saltar una tapia a los 30 años. Lo que no podía garantizar era las consecuencias del choque eléctrico. Necesitaba dos palos de madera para tocar los cables y garantizar el salto. Tiré el tubo de afiches. El guachiman no tenía palos. Entonces la genialidad me asaltó, sentí lo que Isaac Newton sintió pero en menor escala. Elucubré la posibilidad que no hubiera corriente. O no andara. Iba a tocar uno. Lo iba a hacer tan rápido, que si me daba la patada iba a ser mínina la consecuencia. Vi mil veces personas tocar rápido un cable para saber si tenía electricidad. Lo importante era no agarrarlo. Ahí reflexioné. Me dio sueño. A la una, a las dos… Estoy transpirando. Si me da un choque, me tira hasta la casa del vecino.

Voy a pasar los dedos rápido, como si le pegase. A las… ¡No! De esta manera no porque me quedaré agarrado. Mejor con el dorso de la mano, que es menos sensible. ¡Basta, quiero dormir! Mala noticia. Hay otro guachiman metido en el segundo piso de una oficina de enfrente que esta mirándome fijo y tomando un teléfono para denunciarme. Todo me hace acelerar mis gestos sobre el muro. Tres. Toqué. Tac. Ya está. Estoy vivo. Un cable no tiene corriente. El guachiman de abajo me mira entusiasta. ¿Tendrá electricidad el otro? Estoy transpirando más. Tac. No tiene. El guardia me dice que pase rápido, que nadie me ve. Cosa que es mentira porque estoy viendo al otro hablando por teléfono, moviendo las manos y señalándome. Ahora sí. Caigo en el patio. Al pasto. Soy un héroe. Estoy cerca de la cama. Las siguientes puertas y ventanas están todas cerradas, estoy frente a otra valla infranqueable que debo superar. Yo sé que mi cuarto está detrás del taller, así que tengo que subir esta parte atravesar el techo y ya está. Estoy trepando, giro la cabeza y el otro guardia del segundo piso está mirándome fijo y saca su arma reglamentaria. No puede ser. Mi lápida dirá murió intentando dormir, un guachimán lo ayudó. Me escondo. Voy a dormir en el patio interno. En tres minutos no soporto el rocío. Tengo frío. Espío al guardia asesino. ¿Qué es lo que estoy haciendo acá?

Quiero dormir en una cama y estoy metido en una película. Debo subir al techo y no habrá más puertas hasta la cama. Espero que el guardia se vaya e intento enganchar la yema de mis dedos en una saliente que me permitirá quedar colgado y subir al techo. Tendría que haber hecho un curso de alpinismo. ¿Cómo hago para que mis dedos se apoyen justito ahí, en ese bordecito, en ese espacio tan pequeño y que no reboten? Como ya sucedió dos veces. Se me rasparon las yemas ¡Mierda!, quiero dormir. Necesito mas decisión y fuerza. ¡Lo logré! Estoy colgando de mi mano derecha. Si apoyo el pie en algún lado subo. Fuerza. ¡Sí! Estoy casi, casi. Soy un héroe. Subí la pierna. Ya está. Acá es todo teja, no quiero romper ninguna, tengo por delante dos metros de tejas. Piso suave para ver si no rompo nada. Bueno, ahora si, doy un paso sereno, doy otro. Acabo de ver el cuarto donde voy a dormir. Me viene la vida al cuerpo. En la película del héroe que consigue dormir empiezan los títulos. Estoy dando el tercer paso y me relajo. ¡Crack! ¿es un disparo? Un disparo en la noche ¿Fue el guachiman de enfrente que me disparó? Estoy cayendo. El piso explota. Como granada. Estoy aturdido manoteando el aire. Caí. Levanto la cabeza y allí arriba en el agujero, el cielo. Estoy en el piso de la sala de exposiciones del Chino. Rompí el techo. Tengo sangrando las manos, pero me parece agua, creo que estoy sano. Me di un golpe tan grande que no siento nada. Tengo que encontrar un culpable. Quiero matar al Chato. Lo busco. No está. Ahora me duele bastante la mano. Me voy a lavar. Estoy excitado, me lleno de papel higiénico la herida, para que chupe la sangre. ¿Saben qué? Me voy a dormir. Mañana se me va a armar un quilombo memorable, pero ahora en este preciso instante me voy a dormir ¿Cómo le explicaré a este tipo que le rompí el techo? Me duele todo el cuerpo, pero lo único que quiero es dormir. Y encima está lleno de unos perros boludos a los que le caí simpático y se me tiran encima. El domingo 4 de abril de 1999 por fin me duermo después de 43 horas despierto. Me recordé pisando el techo y cayendo al vacío. Me ví en una película, el paso y ¡puf! desaparezco.

Fue solo despertar para amargarme, del techo todavía cuelga un pedazo de chapa. El Chato se disculpará por haberse ido con su novia y yo caminaré lentamente hacia la casa del Chino para explicarle que le rompí el techo de su taller, que tuve un ataque de sueño.

18 comentarios

    1. Juampa lo que me paso ayer solo vos y pablo pueden entenderlo. Por favor comunícate conmigo, estoy en Brasil y ayer fui a Castro

  1. En esta, ¿No es la muerte un sueño eterno? y en esta «Mi lápida dirá murió intentando dormir» se me abrieron otros mundos…Gracias por traer el pasado al 2022. Abrazo fresquito Lomense.

    1. Que bueno amigo, cada vez que algún amigo me dice que cierto orden de palabras lo hizo viajar a otro lado, o quedarse suspendido. Cada vez que eso me comentas, entiendo que debo volver a hacerlo

  2. Ahora comprendo la real dimensión de aquellos mensajes motivacionales como «que nada te detenga en el camino de alcanzar tu sueño».

  3. Muy bueno. Generás la paradoja que leyendo (actividad sedentaria si las hay) se viaje, se conozca lugares, gentes y se regrese distinto. No me sucede con todo lo que leo. Gracias

    1. Camilo, contento de leerte. Le debo muchas historias a grandes sedentarios. Historias que hice mías por leerlas o escucharlas. Recibo tu elogio con entusiasmo para continuar escribiendo

  4. Aquí Banfield. Son las 8am. recién salgo de la cama.me duelen los dedos.la mano, las piernas. tuve una noche de mal dormir. Como puedo abro puertas y venatnas para ventilar. Voy a la compu. hace unos días que no leo el correo, abro y me encuentro con el andante Mercurio y un t´ítulo que habla de sueño. Mandinga, atalaya, cronoscopio. Cómo puede ser que coincida justo con lo que me falta ! Sacudo el doliente esqueleto y leo. Se me van los malestares por la falta de sueño. Qué lindo relato ! La placentera sensación de sentir como propias las peripecias que ocurren. Ni un palabra de más, ni una de menos. Lo justo para vivir y beber ese relato atrapante. Mirá me siento mucho mejor después de la lectura. Gracias.Deseo que tu paso por esas tierras sea beneficioso y lo pases bien, Gracias por estas lecturas, un abrazo.

  5. este relato tiene todos los condimentos para una lectura apasionante, instructiva, entretenida- El mejor ejemplo del buen decir en palabras justas y precisas, es lo bueno.La esencia del relato es el suspenso en ese querer anticiparse al epílogo porque el desenlace te ahoga.

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