Escritor, cineasta, actor, director, formador

ESE HOMBRE

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por Sergio Mercurio

Ilustración Gato Enriquez

Para Lisi

Y ahí se acercó el hombre. Toma la mano de la mamma. Ahora es mejor que me des la mano, porque el viento va a venir en cualquier momento y va a soplar y te puede llevar y si te lleva, vas a volar y vas a llegar antes, y no me gustaría que vos llegues a América antes que tú mamma. En realidad se venía acercando. Nunca había visto Nápoles desde más allá que mis rodillas hundidas en el mar. Ahora el Barco, apiñado de sobretodos negros, sombreros y gorros para el frío, valijas de cuero, las mismas, diferentes, para guardar una foto, una camisa, un pañuelo, algo envuelto. ¿Qué se lleva para el otro lado del mar? Lo importante. Cuando no se tiene nada, no se lleva nada. A los 9 años, la decisión pasa por tomar la mano de la mamma o saltar del barco e ir a buscar un padre que no esta despidiéndote, y que no estuvo nunca. Tal vez la posibilidad sea saltar del barco y buscar un amigo que juega los juegos del hambre. Tomar la mano de tu madre sigue siendo la única posibilidad. El barco se mueve. Se mueve de una manera que no da miedo, es una manera que marea. Cuando abras la maleta vas a encontrar harina de farro, vas a encontrar azúcar para ir tomando de a puñados hasta que los 20 días nos muestren tierra nuevamente. Y entonces sí, ahí será desembarcar y llegar donde la riqueza abunda, dónde la tierra es inmensa y todo lo da. La rica, el rico amor, la amé, la amé rica. La América. Es mujer. América es mujer. Y no es un reino, pero será. Vamos a América. América ama a todos los que allí llegan. ¿Qué cómo es América? Es muy grande y todo sobra, es una tierra que no necesita cuidado, todo lo da a cambio de nada. Lindísima. Es como aquí, pero mucho, mucho, más lindo. Como aquí pero grande, mucho más grande. Como aquí pero en América. América va a amar a los tanos, a todos los napolitanos. Estoy mirando que el barco, parece que vuelve o gira, o se olvidó de algo y en la curva, se divisa la escalinata y la cittadella, la muralla, lejos del puerto, bien cerca de donde el peñón se hace cielo, creo que él esta ahí solo, huesudo y abrigado como mi padre, alguien que mira que nos vamos y no sé si mastica algo o si en realidad esta viendo para otro lado. El viento salado me ha hecho algo, me ha irritado los ojos. A los 9 años, los hombres no lloran. La mamma me ha visto y se ha sacado un guante para limpiarme la cara. Se le ha caído.Y ahí se acercó el hombre, cuando pensaba en mi padre se acercó el hombre con el guante de la mamma en la mano. Y ahí se acabo el viaje o empezó el viaje, o se acabo el barco y empezaron las historias del hombre. Claro que todos habíamos oído hablar de Giuseppe, del guerrero de los dos mundos. Pero nadie había oído hablar de él. El entrerriano, hablaba de Garibaldi como un amigo. Hablaba de muchos viajes, de muchas charlas. De lo secretos y de la libertad. Hablaba del sur de sudamérica de un encuentro en la finca de un general. ¿Había dicho Rosas? La mamma le habló del hambre y el entrerriano habló del hambre de libertad. Y habló por primera vez de una América que no era tranquila, que no era fertil, que no era segura.

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El entrerriano dijo, Aquí dejo a mi amigo Giuseppe, se termina aquí la historia del reino de las dos Sicilias, no puedo estar lejos de mi tierra, mi tierra me contiene, la lucha por la libertad, la aventura, se quedarán aquí donde el paisaje se deshace, la unificación italiana es más probable que la unificación Americana, eso lo sabe Giuseppe por eso ha vuelto aquí. Quiero que en mis ojos quede, como última imagen de mi amigo libertario, la imagen de esa ciudadela. Vuelvo a América, voy a dejar también Entre Ríos, he escapado de la cárcel junto con él, no puedo volver allí. Una vez hubo un encuentro secreto con Rosas en una quinta donde solía descansar. Está a no más de una hora a caballo desde Buenos Aires. He ido hasta allí cuando los ingleses empezaron a tender la línea del tren. Es una tierra inmensa a la que solo acuden los desafortunados. Si usted está sola, le ofrezco llevarla a conocer ese lugar, le aseguro que el aire. y la tierra aun es benévola. Necesito una mujer. El niño puede acompañarla para ver si le gusta dejar de ver un mar de agua, para empezar a acostumbrarse a ver un mar de hierba. Un mar dónde no se hundirá jamás. Mi mamma asintió. El hombre se alejó y me llamó. Mirá hacia allá, dentro de poco el cielo tocará el mar por los cuatro costados, es mejor prepararte para que eso suceda, toma esta aguardiante ya tienes edad para tomarlo, te hará sacar el frío y lo más importante te hará olvidar. El mareo del alcohol no es muy distinto al mareo del mar. Cuando el barco, atracó en Buenos Aires, no sabí .No sabía nada. Las filas inmensas de los pobres del viejo mundo, las maletas de cuero, los vestidos iguales, lo único que nos hacía iguales eran los bigotes, los ojos vidriosos, el hambre, la angustia, lo que nos hacía iguales era un futuro incierto, una lengua desconocida. El entrerriano habló en su lengua y dijo que era mi padre y dijo mi apellido como si fuera suyo. Cuando consiguió una carruaje y nos fuimos alejando de Buenos Aires empecé a ver de lo que hablaba, yo era un hombre de 9 años, tenía en el bolsillo de mi saco una petaca de aguardiente que él me había dado. No sabía nada del futuro, lloré y tuve miedo, tomé un trago que me ardió infinito hasta molestarme. Un trago del que nunca podré escapar, así como nadie puede escapar del futuro, de lo que desconoce. Yo no sé que mi nombre estará cambiado, yo no sé que en menos de 20 años este lugar al que me dirijo se llamará Banfield, yo no se que en 150 años mi bisnieto estará inventando mi historia.

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