Escritor, cineasta, actor, director, formador

Por Ejemplo Ahora

por Sergio Mercurio

por Sergio Mercurio

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pintura de guayasamin

De vez en cuando me aparece la necesidad de estar con mi abuela, por ejemplo ahora. Una cierta manera de estar escondido me absorbe. Me estoy encorvando. Mi padre diría que me le parezco. A ella. Parecerse a mi abuela, en mi familia, no es una buena noticia. No me importa. Cada uno guarda disidencias ocultas sobre los circuitos de creencias familiares. Tengo ganas de estar con la abuela. No se lo voy a decir a nadie. Lo voy a ocultar en este texto que escribo, que mi familia no lee y que ni siquiera raspa a alguien que conozco. Soy peor que ella. Por eso la necesito. Estoy nuevamente delante de esta incertidumbre que tienen los seres que suelen buscar soluciones en vez de estar vivos. Suelo visitar esta zona sin preferencias de domingos. Como no logro nada, me inclino entonces a ese olvido que es el internet en sus infinitas formas, mientras una parte mía reclama la ayuda de alguien que no sea un extraño. Mi necesidad se centra en estar con alguien que no diga nada. Que no hable, que no escuche música. Que tal vez seque unos platos demasiado tiempo. Que demore guardarlos equivocadamente, lo advierta en silencio y vuelva entonces a lavarlos y secarlos. Y que el rulo siga. Y que no se vaya. Necesito alguien a quien no deba explicarle nada. Que  dedique su tiempo para limar sus uñas de modo  que demuestre que nada puede crecer. Alguien a quien no sea necesario ni siquiera mirar pero que me vea.

Alguien cuya principal característica haya sido nunca elucubrar demasiado. Alguien que no haga gestos contenedores. Muestras de aprecio. Alguien que sea incapaz de abrazar. Solo que este ahí de este modo. Del modo de mi abuela Paulina. Necesito alguien que apenas me soporte. No me importa si ese alguien no es ejemplo de nada, si puede ser considerado alguien que no ha hecho nada más que durar. Una persona que jamás tuvo amigas, que desconfió de todos y en demasía, que rió sola de cosas que nadie jamás supo. Alguien a quien solo el alzheimer la hizo comunicativa.  Alguien a quien pareció importarle poco ser comprendida. Hoy, en este instante, necesito una compañía silenciosa, un arrullo de nada. Esa sequedad de silencio. Cuando era niño tuve la certeza pequeña de conocer un animal extraño que  nunca iba morderme, bajo ningún aspecto. Convivir con esa fiera feroz para los demás me dio cierta confianza en mí mismo. Una confianza que perdí cuando comencé regularmente a traicionarme. Por eso ahora necesito de ella. Estoy así, necesitando urgentemente a mi abuela Paulina, necesito dejar todo de lado e ir a encontrarla, para que me ayude con su forma equívoca de vivir. Su modo indio de estar. Sin embargo no puedo hacerlo. Es en este párrafo que detengo el impulso de salir corriendo a su casa  porque en este justo momento estoy comprendiendo  la razón de los cementerios.

18 comentarios

  1. La mamá de tu papá no.? Vi todo ..la cocina la ropa .la época luz natural de los ambientes . Las tazas.
    Gracias

  2. Neste conto parece (ou aparece) até mesmo a internet como este desesperado gesto humano de desejar estar cada vez menos cheio, inclusive de si mesmo. conheci poucas pessoas que alcançaram uma mirada plena de vazio. não eram minhas avós de família. Tengo ganas de estar con ‘la’ abuela. quanto mais elocubro, mais me alegro (e rio quieto) por compreender sem razão. Abraço.

  3. hermoso relato, hermosa pintura, muy lindas palabras, las abuelas creo que eran asi porque vivieron en un momento mas dificil que el nuestro, en un mundo donde las guerras dividian familias, desparramaban sangre en combate y personas por el mundo yendose de sus lugares, creo que eran asi porque todo era mas profundo y menos urgente
    (lo mas lindo de quito es la casa de Guayasamin, un lugar màgico)

  4. Bueno Sergio cuanta profundidad de sentimientos hay en este cuento. Que suerte que tuviste de tener el amor tan intenso de una abuela que te quiso tantó. Venia de alguien que repartio su amor discriminado, lo fue guardando para darlo intenso en la familia. Te dio esa coraza que proteje, es bueno tenerla a mano contra vendavales de la vida. No se sabe que tormentas acechan.

  5. Sentimientos encontrados marcan la ruta del relato, así lo interpreto sin saber nada de nada, soy un ui amplificado, pero creo que un nómada por oficio se ha internalizado para salir en búsqueda de un silencio elocuente, un silencio distinto y necesario. Real o imaginario es camino magistralmente trazado para una lectura en grado emotivo y placentero, extraña combinación que sólo pueden lograr los que escriben o se expresan limpiamente con los sentimientos a flor de piel y el sostén de un gran talento siempre en crecimiento, pa que lo sepan amigos. Abrazo de aquí hasta allá.

  6. Me pregunto qué pasaría por la cabeza de esa abuela. ¿En serio sería tan distinta, por dentro? Ah, cierto, puede que te le estés pareciendo. A veces necesitamos dejar de ser nosotros mismos (o empezar a serlo). La corriente nos lleva.
    Me quedé pensando en lo que escribiste.
    Gracias, Sergio.

    1. Pablo, te agradezco tu comentario, me ha hecho reflexionar. De hecho te respondo unas horas despues de leerlo y he pensado en escribir una segunda parte de esto visto desde ella. Gracias

  7. Como una piedra en el camino. Silenciosa, sin intención de enseñar nada. El silencio puro, no el de quien calla algo. Puro como la muestra genuina del vacío. A veces necesito vacío a mi alrededor, que nadie quiera algo de mí y que tampoco quiera darme ni siquiera una mirada cómplice. No podría vivir siempre así, pero a veces un rato…

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